Ver y creer

Ver y creer

Abril 21, 2019 - 06:10 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Por: Padre José octavio Lara Pachón, vicario episcopal para la Familia

Si Jesús no es en modo alguno visible, por qué en el Evangelio de hoy Pedro y Juan dicen que “vieron y creyeron”. ¿Qué fue lo que vieron?, ¿en qué creyeron?

En una primera aproximación podríamos pensar que lo que ellos vieron fueron unos lienzos en el piso de una tumba vacía y, que tal visión los convenció de que, si el cuerpo de su maestro no se encontraba allí, era, no porque unos ladrones se lo habían llevado -dado que lo que los ladrones buscaban en las tumbas no los cuerpos de los muertos sino los costosos lienzos sepulcrales- sino que debía haber otra explicación. Esto sería, entonces, lo que vieron: la necesidad de buscar otra explicación.

En un segundo momento nos damos cuenta -gracias a la repetición siete veces en tan sólo nueve versículos de la palabra tumba- de que lo que Pedro y Juan vieron fue, no los lienzos en el suelo, sino la tumba vacía y de que, al verla, creyeron en la promesa que Jesús les hizo de que el Padre “lo Resucitaría al tercer día”. Esto fue, entonces, lo que vieron: la promesa cumplida.

En efecto la primera lectura de la santa Misa de hoy dice que los Apóstoles fueron elegidos para ser testigos; por eso Cristo les dio el encargo de “predicar y testificar” a todo el mundo lo que habían visto, desde su unción con el Espíritu Santo en el Jordán hasta el episodio de la tumba vacía. Aún más; más allá de su propia experiencia los apóstoles fueron instruidos en los misterios de la economía divina, en el plan de salvación de Dios: es decir, aprendieron todo aquello que los profetas habían testificado sobre Él en el antiguo Pacto (Lc 24,24.44).

Por eso ahora al ver la tumba vacía pueden ‘comprender las Escrituras’ y dar testimonio de que lo que Jesús les dijo era coherente con su experiencia: que Él es la ‘Piedra angular’ rechazada por los constructores de quien el salmo de hoy profetiza Su resurrección y exaltación (Lc 20,17; Mt 21,42; Hch 4,11).

Nosotros hoy somos hijos de los testigos apostólicos. Es por ello que seguimos congregándonos temprano, en la mañana del primer día de la semana, para celebrar esta fiesta de la tumba vacía y dar gracias por “Cristo vida nuestra”, como le llama la epístola de hoy. Al haber sido bautizados en su Muerte y Resurrección vivimos la vida divina del Cristo resucitado; nuestras vidas están “ocultas con Cristo en Dios”. Ahora somos también sus testigos. Sin embargo, testificamos cosas que no hemos visto, sino sólo creído; buscamos entre las cosas de la tierra -lienzos y tumbas- al que está arriba, invisible, glorioso, resucitado.

Lo que los Apóstoles testificaron, nosotros lo vivimos ahora en memorial. Como ellos, comemos y bebemos con el Señor resucitado en el altar y esperamos confiados en lo que ellos nos anunciaron: el día en el que apareceremos “juntamente con Él en gloria”. Amén.

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