“Vayan y averigüen...”

“Vayan y averigüen...”

Enero 04, 2015 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

La Iglesia católica culmina el tiempo litúrgico de la Navidad, que también podría extenderse hasta el bautismo de Jesús, con la celebración de la Epifanía que “es una fiesta de la luz”. La encarnación y el nacimiento del Hijo de Dios - Jesús de Nazareth, Dios y hombre -, y su manifestación a la humanidad han hecho posible que todos “los que caminaban en oscuridad y sombra de muerte” puedan tener la luz verdadera que hace que los hombres sean luz (Benedicto XVI).Él nos da el poder ser hijos de Dios (Jn. 1, 9.12). La figura de los llamados “magos” que encontramos en el evangelio leído hoy (Mateo 2, 1-12) tienen una profunda significación: inician el camino de una gran procesión, camino que debe iniciar todo ser humano y procesión que sólo terminará en la meta de la eternidad; es la búsqueda de Dios en la que se han de empeñar todos los hombres, de toda raza, lengua y condición hasta encontrar al Dios que da la verdadera paz: Jesucristo ese Dios que nació en un pesebre, que murió en la cruz, y que, resucitado, está con nosotros todos los días hasta el fin del mundo, debe ser buscado y encontrado.El drama de la humanidad es rechazar esta historia o equivocarla; es negar la necesidad de tener al Dios verdadero o hacerse un sustituto suyo; lo primero desemboca en el ateísmo practico al que el mundo de hoy es proclive; lo segundo es erigir substitutos de Dios que ordinariamente son: el dinero, el placer, la intrascendencia, los goces desmesurados de los bienes materiales, el culto a la belleza efímera, todos con un final dramático y desastroso.Epifanía es creer en el Dios eterno, hecho temporalidad para nuestro bien; es adorar al único y verdadero Dios que es digno de toda alabanza y entrega hasta de la propia vida, es levantar el corazón hacia el Dios del cielo para implorar tantas veces cuanta sea necesarias, que el destino final del hombre no se agota en la materia sino que llega hasta la vida eterna. Es, finalmente trascender las limitaciones humanas para lograr los ilimitados dones de Dios.

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