Una respuesta para nuestra vida

Una respuesta para nuestra vida

Marzo 24, 2019 - 06:10 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Por: monseñor José Soleibe Arbeláez, obispo emérito de Caldas (A)

El Evangelio de este tercer domingo, como toda la cuaresma, es una invitación a la conversión, a un cambio de vida, a vivir la vida con los criterios de Dios. Como a Moisés, el Señor nos está diciendo: «He visto muy bien la aflicción de mi pueblo; He oído su clamor por causa de sus explotadores. Sé de sus angustias y de su opresión y quiero librarlos de la esclavitud”. El Señor viene a nosotros, pero espera que nosotros como Moisés le digamos: “Señor, aquí me tienes” dispuestos a un cambio de vida. El Señor sabe que como los israelitas, también lo buscamos en los momentos difíciles, pero una vez pasado el Mar Rojo, es decir, los problemas, nuestra vida cambia y alejada de Dios termina mal.
Como seres humanos buscamos siempre la felicidad, ya que este es el objetivo que todos perseguimos a lo largo de nuestra vida, lo que es lógico, porque este es el proyecto de Dios para el hombre, su felicidad; para eso lo creó, para ser feliz, solo que nosotros hemos colocado el objetivo de la felicidad en el desarrollo profesional, en un buen trabajo, en el dinero o el amor, por lo cual chocamos con algo que nos impide encontrar esa felicidad, lo que algunos llaman su lado oscuro.
El papa Benedicto XVI en la Encíclica ‘Caridad en la Verdad’, nos habla de la necesidad de un “espíritu” cristiano y de una dimensión trascendente del hombre, en la búsqueda del progreso para que sirva de verdad a la realización personal del ser humano. La falta de ese espíritu trascendente nos ha llevado al mundo que estamos viviendo, casi fotografiado en esa realidad: mientras más se saca a Dios de la vida, más cruel e inhumano se hace el mundo, a pesar de todos sus progresos y avances científicos.
Ese espíritu cristiano es el que el Señor nos pide hoy en el Evangelio cuando nos dice: que volvamos al Señor: “Si no nos arrepentimos, vamos a perecer”. Esta búsqueda de Dios la expresa bellamente San Agustín al decir: “Y he aquí que tú, Señor, estabas dentro de mí y yo fuera, y por fuera te buscaba; y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste. Tú estabas conmigo, más yo no lo estaba contigo. Me retenían lejos de ti aquellas cosas que, si no estuviesen en ti, no existirían”.
Dios no ama y por eso nos invita a volver a Él, a buscarlo como respuesta a nuestro deseo de realización personal. Qué bueno confirmar esta idea con lo que sucede con las personas que tienen problemas de licor y buscando la solución recurren a esa entidad mundial que todos hemos oído mencionar: los alcohólicos anónimos. Ellos señalan doce pasos para solucionar el problema de licor; el primero es un gesto de humildad: “Admitimos que éramos impotentes ante el alcohol, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables”: y el segundo paso es una invitación a buscar a Dios como respuesta a la vida que queremos: “Llegamos a creer que solo un Poder Superior a nosotros mismos, a quien llamamos Dios, podría devolvernos el sano juicio”. En cuaresma Dios nos espera de manera especial.

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