¿Tanto tiempo contigo y no me conoces?

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¿Tanto tiempo contigo y no me conoces?

Mayo 10, 2020 - 06:20 a. m. Por: Arquidiócesis de Cali

Por: monseñor José Roberto Ospina, obispo de Buga

En la vida matrimonial, especialmente, pero también en la convivencia humana, esta expresión la hemos podido pronunciar u oír. La decepción que produce el que alguien que esperaría uno que lo conociera bien lo malinterprete, desconfíe, haga comentarios desobligantes o se comporte como si uno fuera un extraño, es muy grande. Esta expresión de Jesús a Felipe, demuestra el sentimiento de dolor que experimenta él al darse cuenta de que lo que les ha querido revelar a sus apóstoles no lo ha conseguido, pues aún no lo conocen, no lo entienden, no han caído en la cuenta quién es Él, divino y humano, a través de quien el Padre celestial se revela y revela a Jesús como Hijo de Dios.

Son muchas las ilusiones que Jesús ha tenido y muchas las obras que ha realizado para que sus discípulos lo conozcan. Por ejemplo, ha dicho: me voy a prepararles un lugar, volveré y los llevaré conmigo para que donde yo esté, estén también ustedes; yo soy el camino, la verdad y la vida; el que me conoce a mí, conoce también a mi Padre; el que me ve a mí ha visto al Padre; el Padre y yo somos uno; si creen en mí harán las obras que yo hago y aún mayores.

Analicemos algunos de estos aspectos: ha venido a redimirnos y salvarnos para que podamos trascender e ir al cielo y tener vida eterna, más allá de la muerte. Esta es nuestra esperanza y el sentido pleno de la vida. Estamos como en un proceso de gestación eterna en las entrañas del mundo y de Dios. La muerte será nuestro nacimiento. Me ha consolado el saber que donde está Jesús allí estaremos también nosotros. Cuando celebramos la eucaristía o nos reunimos más de dos en su nombre allí está Él. Pero allí también están los seres queridos que ya murieron y están en Él.

Todo camino es para ser recorrido y llegar a algún lugar. Él es el camino que nos lleva al Padre. Recorrer a Jesús como camino, es seguir sus enseñanzas, por difíciles que parezcan. La verdad la buscamos todos: ¿Cuál es el sentido de la vida?, ¿quién soy?, ¿por qué si Dios es bueno hay tanto mal y dolor en el mundo? Necesitamos respuestas y Jesús es la Verdad. En Él encontraremos sentido y respuestas a tantos interrogantes y sombras que nos rodean.

Llegamos a la existencia sin pedirlo y comenzamos a vivir, a veces sin mayor conciencia. Él es la vida; ha venido para que tengamos vida y la tengamos en abundancia; Él murió y resucitó para habitar dentro de cada uno de nosotros, los creyentes, y así darnos Vida eterna. Que cada día podamos sentir que vale la pena vivir porque amamos, nos damos, desarrollamos nuestras capacidades y ejercemos nuestro propio ser.

Ver al Padre y conocer al Padre, pasa por conocer a Jesús y dejarlo ser en cada uno de nosotros. Así, no sólo habitará Jesús sino el Padre y el Espíritu Santo, y esa presencia interior es la que da paz, fortaleza, consuelo, serenidad, ilusión, esperanza, fe, amor infinito.

Cuando ponemos por obra lo que Jesús nos ha enseñado constatamos un poder que pasa por nosotros y que lo hace presente a Él. Si creen en mí harán las obras que yo hago y aún mayores. Cuántos favores, milagros y obras extraordinarias se suceden cada día, en todo el mundo, a través de los que creemos en Jesús. Él ha comprometido su palabra y la cumple.
De nosotros depende que esto pase: “Todo es posible para el que cree”. Y creer es aceptarlo a Él y practicar sus enseñanzas. Que en este tiempo de pascua constatemos, una vez más, que está vivo y nos sigue salvando.

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