Solidaridad afectiva y efectiva

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Solidaridad afectiva y efectiva

Agosto 02, 2020 - 06:15 a. m. Por: Arquidiócesis de Cali

Por: monseñor Luis Fernando Rodríguez, obispo auxiliar de Cali

“Demos el paso hacia la solidaridad: este es uno de los mayores desafíos de esta hora. Si la pandemia nos pide un distanciamiento físico, al mismo tiempo nos reclama la mayor cercanía de interés y de ayuda efectiva ante las necesidades que viven los demás” (mensaje de los Obispos de Colombia católicos al pueblo de Dios).

Jesús, peregrino del mundo, no fue indiferente ante las necesidades de quienes lo seguían. Más aún, a sus discípulos les dio lecciones de solidaridad y de la forma como debían ellos también estar atentos. Si se afirmó que “no solo de pan vive el hombre”, también se hace caer en la cuenta que un estómago vacío, por así decirlo, impide comprender mejor los asuntos que tienen que ver con la vida, la formación, la escuela, la espiritualidad. Cuando Jesús se dirigía a un lugar tranquilo para descansar, “vio aquel gran gentío, sintió compasión de ellos y curó a los enfermos que traían” (Mateo 14, 14). Y cuando los discípulos se querían como desentender de las necesidades de la multitud, el Maestro les dirá: “Denles ustedes de comer” (Mateo 14, 16).

Las lecciones para todos los hombres y mujeres de buena voluntad, en estos tiempos de pandemia, son claras: todos estamos viendo las afugias, las necesidades y el hambre de muchos de nuestros hermanos afligidos ahora por el Covid-19. Ese ver tiene que tocar el alma, el corazón y el bolsillo. Jesús sintió compasión, esto es, tuvo dolor desde dentro de las entrañas, sufrió con ellos; por eso su compasión y su caridad fueron efectivas, pues actuó de inmediato: curó a los enfermos, es decir, les devolvió la paz, la fortaleza, los hizo creer de nuevo en un futuro, les devolvió la esperanza. Pero no quiso hacerlo todo él, quiso que sus discípulos, hoy nosotros, ciudadanos de la época de la pandemia, extendiéramos sus brazos solidarios para dar de comer al hambriento.

Jesús nos enseña a vivir una solidaridad afectiva, que brota del corazón, y efectiva, porque es eficaz, porque ayuda realmente. ¿Cómo no hacer llegar a tantas personas, instituciones gubernamentales y no gubernamentales, grupos, parroquias, las ONG, etc., los enormes esfuerzos para ayudar el gran gentío que está sin trabajo, que pasa hambre o que padece enfermedades? En ellos, la caridad de Cristo se hace concreta. Pedimos que la solidaridad afectiva y efectiva, perdure, y ayude a constituir una sociedad más fraterna. De nuevo el Señor Jesús nos dice con fuerza: “Denles ustedes de comer”, Hagámoslo por favor.

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