Reflexión del evangelio

Octubre 31, 2021 - 06:15 a. m. 2021-10-31 Por: Arquidiócesis de Cali

Por: José Over Gallego Londoño, Pbro, delegado para el Departamento. de Comunicaciones de la Arquidiócesis de Cali

“Un letrado se le presenta a Jesús y le pregunta: ¿cuál es el precepto más importante? Jesús responde: el más importante: Escucha Israel, amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas. Y el segundo es: amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay mandamiento mayor que estos”.

Leer el Evangelio de San Marcos este día, mejor leerlo cada día, sería una extraordinaria propuesta, que nos recordaría el ser y quehacer del hombre: vivimos para amar. Es la esencia y sentido de la vida. Quien no ama, no vive. Y para un creyente es unir esos dos mandamientos de dos libros de la Torah, Dt.6,4: “Amarás al Señor tu Dios”, lev. 19,6. “Amarás a tu prójimo”.

¿Qué hace de nuevo y extraordinario el Señor? En un pueblo cargado de mandamientos, de leyes, Jesús libera y aliviana las cargas. Un montón de preceptos que ustedes cargan a los otros, pero que ustedes no se disponen a ayudar ni con un dedo. Ustedes que se atraviesan en la puerta y no entran, ni dejan entrar. Ustedes que lavan por fuera el vaso y por dentro está lleno de podredumbre. Ustedes que guardan el sábado, pero ¿y el resto? Esa es la novedad de Jesús y del Nuevo Testamento. Solo bastan dos mandamientos: ama a Dios y a tu prójimo.

Quien ama lo tiene todo, lo puede todo. Un amor verdadero es el motor de un comportamiento honesto, honrado, transparente. Un amor leal, que no tiene máscaras, mentira ni hipocresía. Un amor verdadero no se aprovecha del otro, no manipula, no engaña, no hace daño. Cómo es de diferente el amor de Jesús, a los amores manipuladores, oportunistas, deshumanizantes. Tantas caricaturas del amor de una sociedad llena de vacíos y engaños.

Ya san Agustín decía, “ama y haz lo que quieras”. Claro que sí. En el pleno sentido de la palabra. Quien ama de verdad, solo busca el bien del otro, su desarrollo, su crecimiento, su prosperidad, su integridad. El amor verdadero es desprendimiento, entrega y generosidad.

Un amor que amplía horizontes. Al Dios omnipotente, misericordioso, creador. Al hermano, al prójimo, al otro que está cercano, caído, necesitado o pobre. Amor a la patria que nos vio nacer, que nos da la vida, que nos educa, nos cuida. Qué bueno que esto lo entendieran los servidores públicos, se gobierna porque se ama el terruño, porque se quiere el bienestar de todos, porque se busca no solo el crecimiento personal, el reconocimiento egocéntrico, el enriquecimiento a costa de empobrecer al otro. Pasar por el mundo haciendo el bien, dejando huella de generosidad, de entrega por el bien del hermano, por su reconocimiento personal y por su valoración como persona.

“Amor a la casa común”, nos lo pide el papa Francisco cada día. Amor, cuidado, respeto a la naturaleza, a las fuentes naturales, a los bosques, a los animales.

Tarea de todos: ama sin reservas. Ama de verdad, purifica tus sentimientos oportunistas, y construyamos un mundo nuevo, aquí cabemos todos, un mundo incluyente y respetuoso del otro. Cómo cambiaría la sociedad y construiríamos una historia donde viéramos crecer nuestros niños, donde las oportunidades para los jóvenes se multiplican, donde el interés por la familia, el campesino, el profesional, serían nuestra brújula, donde el respeto por la vida, por el enfermo y el anciano fueran nuestro compromiso.

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