¡Quieres ser grande, piensa en los demás!

¡Quieres ser grande, piensa en los demás!

Septiembre 23, 2018 - 06:10 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Por monseñor José Soleibe Arbeláez, Obispo Emérito de Caldas (A)


Cuando miramos el mundo que tenemos y ‘soñando’ pensamos en el mundo que quisiéramos, nos decimos: ¿será posible un mundo más amable, más humano, mejor para todos? La respuesta nos la da el Señor: Si tuviéramos la mentalidad de un niño, es decir, si fuéramos más humildes, sí. Pues aceptaríamos la voluntad de un Dios Padre maravilloso que nos ama y nos quiere felices, pero mientas en el camino de la vida sigamos preguntándonos como los apóstoles: cuál será el más grande o cómo puedo ser yo más que los demás, nuestro sueño será imposible, máxime si equivocadamente colocamos la felicidad donde no está: en el dinero, en el poder o en el placer.

Cuando San Pablo (Rn. 12,3) nos dice que “Cristo es un solo cuerpo pero tiene gran variedad de miembros, cada cual con su propia función, y todos al servicio unos de los otros”, nos quiere decir que nosotros no somos un conglomerado amorfo de individuos, sino un cuerpo organizado con diversos miembros, cada uno con sus propias funciones. Con Cristo a la cabeza, comprometidos en la construcción de ese mundo maravilloso fundamentado en el amor a Dios y a los demás. No es un grupo estático sino dinámico, donde cada uno tiene que trabajar en el contexto que lo rodea, evitando lo que nos separa, y valorando y fomentando lo que nos une, teniendo en cuenta que no somos iguales, ni pensamos igual, pero el amor nos une y hace que nuestras diferencias se conviertan en una riqueza maravillosa.

Qué bueno si tomáramos consciencia de la necesidad de pensar con los criterios que nos da la fe en un Dios - amor. Por no ser así, los grandes descubrimientos en el mundo actual no nos han servido para acercarnos a Dios en agradecimiento por la capacidad del hombre para lograr tantos inventos de la ciencia que nos permiten vivir una vida distinta, en un mundo distinto; pero tampoco las grandes catástrofes, las guerras, nuestra violencia en Colombia, nos han servido para pedirle perdón por nuestro egoísmo lleno de antivalores, odios y violencia, suplicándole nos ayude a cambiar para hacer el mundo más amable, más humano, más justo.

Esas circunstancias, un mundo que progresa tremendamente y un egoísmo que quiere destruir nuestro sueño de felicidad, nos quieren separar de Dios, haciendo y legitimando un mundo donde la soberbia humana hace sentir al hombre autosuficiente, sin necesidad de Dios, egoísta. Las comunicaciones, por ejemplo, han acercado los pueblos, los acontecimientos, pero nos han separado a los humanos, como en el caso de los celulares, poco nos interesa el que está al lado, sino los que están lejos, y no para una relación personal sino impersonal, enviando Whatsapps.

Adán y Eva fueron felices en el Paraíso, pero cuando creyeron en la posibilidad de ser como Dios y se apartaron de Él, encontraron su ruina. Quien se agarra de manera egoísta a su vida, la echa a perder; Quien en vez de pensar ‘ser el primero’, piensa en los demás crece al dar vida. Quien vive exclusivamente para su bienestar, su dinero, su éxito o seguridad, termina viviendo una vida mediocre y estéril: su paso por este mundo no hizo la vida más humana, pero quien se arriesga a vivir en actitud abierta y generosa, difunde vida, irradia alegría, ayuda a vivir. No hay una manera más apasionante de vivir que hacer la vida de los demás más humana y llevadera.

VER COMENTARIOS
Columnistas