Pampalinda

Pampalinda

Diciembre 23, 2018 - 06:10 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

En el tiempo de las novenas de Navidad, pude visitar una zona muy pobre de Buenaventura, llamada Pampalinda. Son calles por las que no pueden transitar carros ni motos, porque solo hay unas pocas tablas a unos tres metros de altura del nivel del suelo, un tipo de construcción palafítica y con enormes cantidades de basuras, roedores y malos olores. Son alrededor de unas cinco mil personas que constantemente tienen que desafiar los inminentes peligros de este lugar.

En Pampalinda no hay acueducto ni alcantarillado, y solo existe una llave comunitaria que trae el vital líquido cada dos días durante seis horas, lo normal es utilizar agua llovida para todo.

Una de las cosas que más me sorprendió fue corroborar que no exista una caseta de acción comunal ni un sitio donde reunir a las personas para una actividad social, mucho menos centros de salud o instituciones educativas. Una señora contaba que hacía pocos días se había caído una persona porque falló una de las tablas y se había fracturado, pero que para ellos esto es algo muy común.

Esta realidad de nuestra Colombia es la que necesita de gran inversión social. Allá no llega el desarrollo, las oportunidades ni los grandes aportes del Estado. Claro que sí llegan los grupos delincuenciales, las bandas criminales, los narcotraficantes y los que viven de la economía ilegal.

En medio de esta miseria, porque no le podemos llamar pobreza, existe una población maravillosa. Los niños tienen una energía única y el brillo de sus ojos no se deja opacar por los problemas. Ellos descubren en esa situación un espacio privilegiado para sobreponerse y adquirir mejores habilidades para cada día. Algunos aprovechan esta lección de vida y salen adelante. Otros van a engrosar las estadísticas de delincuentes que hacen parte de algún grupo armado ilegal.

Me gustaría que este sector de Buenaventura pueda algún día hacer honor de ese bello nombre que tiene: Pampalinda. Pero solo se puede lograr si hay una inversión social muy grande y si se acompaña esta gente con buena educación. De lo contrario seguiremos generando las fuentes de la violencia que siempre terminan en las calles de las grandes ciudades.

Existen muchas Pampalindas en Buenaventura, en toda la Costa Pacífica y en muchas regiones del país. Mientras los sigamos arrinconando para no verlos o evidenciarlos, la sociedad seguirá fracturada y herida ya que el sufrimiento de estas personas se verá reflejado en los altos índices de delincuencia que se ven a diario en los noticieros.

Quiera Dios que entre todos podamos ayudar a estas personas y que la navidad pueda traer alegría y paz a todos sus corazones. Pero que principalmente el Estado colombiano logre incluir a estas personas en el desarrollo total del País. Ellos lo necesitan y todos lo necesitamos.

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