Nos invade un odio demencial

Nos invade un odio demencial

Febrero 03, 2019 - 06:10 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Por: monseñor Darío de Jesús Monsalve Mejía, arzobispo de Cali

Provocar y generar rabia, armar pelea, dividir, polarizar, descalificar al otro, mentir a más no poder, manipular hasta hacer ver como bien al mal y al mal como bien, son patrones de conducta malintencionada, al servicio de estrategias de poder y de codicia.

Defender intereses que se sienten amenazados en su hegemonía puede llevar a estados de ‘guerra fría’, de psicología de masas, de poner ‘en modo contra’ a poblaciones nacionales e internacionales.

El poder de los medios masivos y la invasión de las redes con la psicología de lo viral, se vuelven instrumentos para generar el ‘estado de opinión’ favorable a dichos intereses, subjetivo y vandálico, que distorsiona y capitaliza los descontentos.

En estos tiempos sentimos que nos invade un odio mortal, pero que los odios se entrecruzan y se solidarizan fácilmente, poniéndose en la dirección del más fuerte, de aquel que capitanea esa mezcla letal con tropas y armas, con bloqueos y dinero, con invasión y escenarios fatales de guerras absurdas.

El ambiente interno colombiano sigue caldeado ‘en modo contra’ y ha sido presa de la política estadounidense y las tensiones globales que ella suscita. Gravísimo daño para un pueblo herido por fuegos y espadas cruzadas, algunas ya históricas como “la mano invisible” que amenaza, encubierta hoy como ‘las águilas negras’, y el genocidio, a dosis diaria, de líderes sociales. Es la misma ‘mano negra’ de magnicidios que el Estado y parte de la sociedad colombiana han tolerado y aún la alimentan.

La palabra de Dios de este domingo, con Jesús ante una turba vandálica y enfurecida, con el profeta Jeremías, al que quieren invadir de miedo y silencio, nos invita a sacudirnos de la manipulación y a proceder ‘en modo pro-activo, constructivo’.

Solamente la fuerza y omnipotencia del Amor Divino y del amor entre prójimos y pueblos, invada corazones, mentes, voluntades y luchas colectivas. Lo demás es vacío, destrucción y espejismo de poder y riqueza. ‘Si no tengo amor, nada soy’.

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