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¡No al conformismo, no a la indiferencia!

Noviembre 15, 2020 - 06:15 a. m. Por: Arquidiócesis de Cali

Es bien conocida la anécdota del hombre que llegó del trabajo a su casa y por cualquier motivo tuvo un feo altercado con su esposa. Esa noche se le apareció la muerte y le dijo: “Mañana a media noche vendré a visitarte”. Al otro día, buscando dejar un grato recuerdo a su familia, el hombre se levantó amable, saludó a su esposa con amor, le pidió perdón por lo del día anterior, ese día la llevó a comer, le gastó un buen rato a sus niños y hasta un buen negocio logró, feliz, porque el fruto sería para su familia. A medianoche llegó la muerte para decirle: no vine porque este sea el momento señalado por Dios para llevarte, sino, simplemente, para recordarte que Dios te ama y quiere que vivas siempre como hoy, lleno de amor y preocupación por el bien de los demás. Eso es lo que da sentido a la vida.

Dios nos ha dado talentos a todos, pero no quiere que los enterremos, sino que trabajemos con ellos para transformar el mundo. No todos tenemos las mismas capacidades ni las mismas oportunidades, pero su voluntad es que, siguiendo a Jesús, comprometidos con él, trabajemos unidos por un mundo mejor.

Salir del conformismo y de la indiferencia, vale la pena; si Dios nos dio “talentos” no fue para estar tranquilos, sino para trabajar con ellos por un mundo nuevo. No nos conformemos con sentir que algo está pasando, que la pandemia, que el mundo va mal. ¡No!, el problema es más profundo y sólo Dios sabe dónde vamos a llegar si no nos comprometemos con el ejemplo, con la vida, con el testimonio.

Qué triste que nosotros, cristianos, sigamos dándole “estabilidad” a la injusticia, al favorecer los criterios sobre el poder, la política: no en función del servicio y de hacer el bien, sino de lo que egoístamente podamos lograr en nuestro beneficio; que nosotros apoyemos un mundo que endiosa el placer: el consumo y la llamada liberación sexual, favoreciendo la pérdida de valores, simplemente por no entender que la fe no consiste en unas ideas que tenemos sino en una vida, llena de talentos y ayudada por la gracia de Dios, que lucha por cambiar el mundo que nos rodea. Recordemos que la grandeza del ser humano consiste en su capacidad de luchar para que el mundo sea distinto, más humano, más cristiano.

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