‘Los últimos serán los primeros’

Septiembre 20, 2020 - 06:15 a. m. 2020-09-20 Por: Arquidiócesis de Cali

Ahora que de nuevo estamos retomando los trabajos de nuestras empresas y negocios, la Palabra de Dios del evangelio de este domingo (Mateo 20, 1-16) nos presenta una parábola donde el propietario de una viña sale a buscar trabajadores desde las primeras horas de la mañana.

“En efecto, el Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. En diferentes horas del día contrató más trabajadores. Habiéndose ajustado con los obreros en un denario al día, los fue enviando a su viña”.

Es evidente que el trabajo tiene un valor propio en razón de la persona que “marca con su sello las cosas de la naturaleza y las somete a su voluntad”.

“Con su trabajo, el hombre ordinariamente sustenta su vida y la de los suyos; se une a sus hermanos y los sirve; puede ejercer la caridad verdadera y cooperar en el perfeccionamiento de la creación divina”.

“El trabajador debe ser remunerado de tal modo que se den al hombre posibilidades de que él y los suyos vivan dignamente su vida material, social, cultural y espiritual.” Constitución gozo y esperanza 67. Vaticano II.

Ante el aparente reclamo de injusticia por parte de los primeros jornaleros: “Estos últimos no han trabajado más que una hora, y les pagas como a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el calor”.

El propietario de la viña contestó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No te ajustaste conmigo en un denario? Pues toma lo tuyo y vete. Por mi parte, quiero dar a este último lo mismo que a ti. ¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?”.

En esta parábola Jesús tiene una intención pedagógica: la justicia es una cosa y otra, la generosidad del propietario. La viña que el Señor llama a trabajar es la Iglesia por él fundada. Primero fueron invitados los judíos y al final fueron invitados los gentiles o extranjeros. Y a estos les concedió los mismos privilegios que al pueblo judío. Todos son llamados con iguales derechos a formar parte de la Iglesia. Nadie está excluido de la salvación. El amor misericordioso de Dios acoge siempre a todo el mundo. “Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos”.

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