Los milagros de Jesús

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Los milagros de Jesús

Julio 01, 2018 - 06:10 a. m. Por: Arquidiócesis de Cali

Por: monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, obispo auxiliar de Cali

El paso de Jesús por ciudades y campos, senderos y casas no pasaba nunca desapercibido. Su caminar firme con la mirada puesta en la meta de la salvación de los hombres y mujeres, contemplaba siempre una llamada a la conversión y a la fe en el Dios de la vida. Y hoy, como ayer, Jesús sigue caminando en medio de nosotros. No podemos dejarlo pasar de largo.

Cuando Jesús realiza su misión, lo hace conjugando palabras y obras, predicación y acciones testimoniales, para que muchos de los que lo escuchaban y veían sus obras, fortalecieran su fe. Por eso, por los signos y milagros hechos, su fama se fue extendiendo. Dicen los textos bíblicos que en ocasiones “era tanta la gente, que no podía ni comer” (Mc. 3,20), y “mucha gente se aglomeró junto a él en la orilla del lago” (Mc, 5, 21).

Hoy nos encontramos con un Jesús caminante, con sed de servir y con el deseo de llegar a los más necesitados. En el texto dominical de Marcos 5, 21 - 43, el evangelista une dos episodios milagrosos, que recogen elementos simbólicos interesantes: las destinatarias de los milagros son dos mujeres; una mujer enferma, y otra, una niña que acababa de fallecer; “ambas están ligadas al número doce: los años de sufrimiento de la mujer y los años de vida de la muchacha. El elemento de mayor relieve lo pone la fe que alimenta los sentimientos hacia Jesús” (Lectio Divina para la vida diaria, El Evangelio de Marcos. Ed. Verbo Divino, 2008, p. 173).

A la mujer enferma, Jesús le dirá: “Tu fe te ha salvado, vete en paz y queda curada de tu mal” (v. 34), y a Jairo, el papá de la niña, que intercede como todo padre de familia por su hija a punto de morir, Jesús le dirá: “No temas, basta con que tengas fe” (v.36).

La fe lo puede todo, es verdad; pero ha de ser una fe sincera, no utilitaria ni milagrera. Las acciones de Jesús, las curaciones que hace, van más allá de las curaciones recibidas, de la solución de los problemas, del trabajo que se consigue. El verdadero milagro que quiere realizar Jesús en cada uno, es la sanación o salvación a la que lleva la fe.

¿De qué le sirve a una persona sentirse curada o haber sido escuchada en sus necesidades materiales, si sigue sumida en una vida de pecado, alejada del mismo Dios que la curó.

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