Los mandamientos: camino a la vida plena

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Los mandamientos: camino a la vida plena

Febrero 16, 2020 - 09:05 a. m. Por: Arquidiócesis de Cali

Por: monseñor José Soleibe Arbeláez, obispo emérito de Caldas

Nos dice el Señor en el Evangelio que Él no vino a acabar con la Ley sino a darle todo su valor, ya que Él nos creó, para ser felices y los mandamientos son el camino para lograrlo. De hecho, todos vivimos siempre en esa búsqueda de la felicidad: eso le sucede al hombre que se amanece tomando, aunque al hacerlo así, equivocadamente, termina encontrando un vacío interior que despersonaliza a las personas, las entristece interiormente y las incapacita para abrirse a lo trascendente, a la alegría, a la paz interior; este es el fruto del pecado o desobediencia a los mandamientos.

Es lo que bellamente nos decía San Agustín: al no mirar la vida con criterios de fe el ser humano ha corrido desesperado hacia tantas cosas hermosas creadas por Dios, pero que no llenan el corazón del hombre pues en vez de disfrutarlas nos hacemos sus esclavos: el dinero, las comodidades y los placeres que el mundo ofrece, y al no encontrar en ellas una respuesta que le colme el corazón, llena ese vacío con la depresión, la droga, el suicidio.

Parece que hoy el Señor nos hablara especialmente a los colombianos, al hacer hincapié en tres mandamientos concretos. Mientras nosotros hablamos de un paro armado, o queremos seguir disfrutando de los privilegios que da la tremenda corrupción existente, mientras se asesina un joven por llevar la camiseta de su equipo, o se lucha por el aborto, el Señor nos dice: “No matarás”; y añade: “No cometerás adulterio”: si quieren un mundo mejor hay que respetar y valorar la mujer, la familia; y en tercer lugar mirando este mundo lleno de mentiras, nos habla del amor a la verdad, pues solo así la gran familia, la humanidad, será más humana y más cristiana.

El Señor nos quiere en un mundo mejor y por eso nos pide escuchar su voz que nos invita a seguirlo, haciendo el esfuerzo, ayudados con su gracia, de cumplir sus mandatos, escoger entre la vida: el amor, la paz, y la muerte. Qué tristeza, cuántas veces escogemos la muerte que nos destruye. ¡Qué incomprensibles somos los humanos! Recordemos lo que nos dice el Señor:

“Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto”. (Jn.12,4). Si el grano muere, germina y hace brotar la vida, pero si se encierra en la pequeña envoltura de su egoísmo, permanece estéril. Jesús nos dio su amor a la espera de que siguiéramos su ejemplo, para que fuéramos felices, amándolo a Él y en Él amando a todos los humanos.

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