Lo permanente vs. lo provisorio

Lo permanente vs. lo provisorio

Abril 29, 2018 - 06:10 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Por: monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro, Obispo Auxiliar de Cali

Permanecer: siete veces utiliza Jesús esta expresión en los primeros 8 versículos del capítulo 15 de San Juan. Llegados a la quinta semana de la Pascua, celebrando la victoria de la vida sobre la muerte, del bien sobre el mal, podríamos hoy afirmar que este es el tiempo para entender que lo definitivo está por encima de lo provisorio.

Jesús resucitado es aquel ante quien la muerte no tiene ya poder: vive para siempre. Y es que después de dos mil años de aquel acontecimiento, la fuerza que se desplegó de su victoria, ha seguido, sigue y seguirá animando a sus discípulos a continuar navegando en su barca por los tempestuosos mares de la historia.

Al usar la imagen de la vid y los sarmientos (el tronco del árbol y las ramas), el Señor está recordándonos que como las ramas del árbol, nuestra vida no es totalmente autónoma sino que debe estar siempre unida vital y existencialmente a Jesús, que como tronco, nos comunica toda su vitalidad. Con Jesús hay permanencia; sin Él todo se vuelve provisorio.

Pero permanecer es ciertamente un inmenso reto para los hombres y mujeres de nuestro tiempo, sujetos a la cultura de lo provisional. Pareciera que por estos días nada se concibe para durar: las relaciones afectivas (Bauman habla de los amores líquidos), desde que inician tienen fecha de caducidad; en el mundo de la productividad, muchas cosas que el ser humano realiza se hacen pensando para ser usadas sólo por poco tiempo: somos forzados a comprar siempre lo último (consideremos la tecnología, la moda, la industria automotriz, etc.).

Aunque el ser humano sigue teniendo sueños y aspiraciones a grandes cosas, cuando estas no pasan por la fe en lo trascendente, en Dios, se vuelven utopías que nunca llegan a ser colmadas, pues una vez se alcanzan, llega el sentimiento de que no era suficiente; entonces se dejan de lado y el corazón se aferra a nuevos sueños.

Que el amor del esposo y la esposa permanezca; que los sentimientos de afecto por los amigos permanezcan; que la disciplina por cultivarse espiritual e intelectualmente sea algo permanente; que el esfuerzo por conseguir los sueños que Dios pone en nuestro corazón sea duradero; que el compromiso por construir un mundo mejor, con sentimientos y actitudes nobles prevalezca sobre pasiones destructivas como el odio, el individualismo, la ambición.

Es Jesús el que, al estar unidos a Él, por la oración, la reflexión asidua de sus enseñanzas en el Evangelio y el caminar juntos como comunidad creyente, quien pone en nuestro corazón la capacidad de comprometernos por lo duradero y no caer en la cultura del descarte: descarte de los afectos e incluso de las personas. Porque el que permanece en Jesús, ese da fruto abundante.

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