Lo perfecto es ser santos

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Lo perfecto es ser santos

Febrero 23, 2020 - 06:10 a. m. Por: Arquidiócesis de Cali

En estos tiempos de tanta polarización, en la irracionalidad de una cultura mafiosa, corrupta y vengativa, nos aparece el levítico diciendo, “no odiarás de corazón a tu hermano... no te vengarás de los hijos de tu pueblo ni les guardarás rencor, sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Estas palabras del Dios eterno resuenan en los ecos de la historia de un pueblo elegido, que sintió el brazo de un Dios que caminó con ellos, amando y perdonando.

Saber que el Señor es compasivo y misericordioso hace que nos tengamos que comprometer en la búsqueda de la perfección como camino de vida y respuesta al amor transformador de un Dios, “lento a la ira y rico en clemencia”, como nos lo afirma el salmo 103. Esta personalidad benévola de Dios, nos invita a tomar en serio lo que Pablo nos pide en la primera carta a los corintios. Saber que somos templos de Dios, edificio espiritual del amor y la misericordia que son la auténtica sabiduría Divina. Esta realidad espiritual debe convertirse en elemento transformador de la humanidad.

Un hombre nuevo, encarnado en Jesús, nos enseña en continuidad con el mensaje de amor de su Padre a través de la historia de Israel, que lo propio del nuevo hombre no es la venganza, no es la justicia vengativa, que genera más resentimientos y desdén, sino la aspiración a la santidad reflejada en la nueva actitud de desconcertar al oponente, al enemigo, al adversario con la actitud del amor que devuelve bien por mal. No es amando al amigo y odiando al enemigo como se construye reino, sino rompiendo la cadena infinita de rencores construidos en una humanidad que hizo del odio y la venganza su camino destructor.

Desconcertar con el amor, un mundo lleno de resentimientos, debe ser la tarea nuestra. Estos tiempos nos desafían a convertirnos en luz que muestra la sabiduría que emana del amor, que perfecciona, que humaniza, que santifica. Cuando Jesús nos dice que “sean perfectos, como mi Padre celestial es perfecto”, nos está invitando a hacer lo extraordinario, lo distinto, lo fuera de serie, que no es otra cosa que una vida santa, llena del Dios paciente y que apacienta. Esforcémonos por lograrlo.

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