Llamados a seguir a Jesucristo

Llamados a seguir a Jesucristo

Septiembre 04, 2016 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

En la sociedad de consumo, se sigue con fanatismo, entusiasmo y locura a personajes atractivos de la música, del deporte, del cine, de la televisión, de la política.La alusión a esta realidad del seguimiento a una persona líder en diferentes campos de la vida humana, en que se manipula a las personas, está lejos de lo que en el ámbito espiritual es y debe ser el seguimiento a Jesucristo.A quienes nos llamamos cristianos católicos nos será provechoso preguntarnos con sinceridad qué seguimiento de Jesucristo estamos viviendo y dejar tanta apariencia.Cada persona bautizada pregúntese: ¿Cuál es mi opción y compromiso de seguir a Jesucristo? Llamándome creyente en Jesucristo: ¿sí lo conozco, sí lo amo, sí lo sigo de verdad viviendo la alegría de Evangelio y en consecuencia soy su testigo en mi experiencia diaria personal, familiar, comunitaria y social?El lenguaje que utiliza Jesús de Nazaret es exigente, desafiante, inquietante, para quienes nos hemos dejado atrapar en la rutina, en la apariencia, en la ley del menor esfuerzo, las palabras del Señor nos desconciertan. Estas son sus palabras: “El que quiera venirse conmigo, no puede ser discípulo mío, si no se olvida de su padre y su madre, de su esposa y de sus hijos, de sus hermanos y hermanas e inclusive de sí mismo. El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser discípulo mío”.Con estas palabras tan duras y exigentes lo que pretende el Señor es que cada cual viva su opción fundamental y compromiso efectivo de seguirlo, de que lo aceptemos como Maestro de vida y verdadera felicidad.Jesucristo, Hijo de Dios, hecho hombre, es el único que nos exige una primacía en el amor, en la entrega, por encima de los amores más bellos y nobles, como son el amor a un padre, a una madre, a la esposa, a los hijos e incluso el amor a sí mismo.Para seguir a Jesucristo se requiere vivir tanto el desapego a la propia familia y el desapego extensivo a los ídolos y bienes materiales.Jesucristo, su persona y su Evangelio deben ser la atracción más poderosa de nuestra vida y de nuestro corazón.En este Año Santo de la Misericordia de Dios, el Papa Francisco no ha dicho que “Jesucristo es el rostro de la misericordia de Dios”, que en Él nos ha mostrado su amor, su bondad, su cercanía, su ternura, su perdón.Ser discípulo o discípula de Cristo es arriesgarlo todo, mundo de afectos y seguridades y dejarse llenar por Jesucristo en todo su ser.

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