La expresión de la esperanza cristiana

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La expresión de la esperanza cristiana

Noviembre 10, 2019 - 09:13 a. m. Por: Arquidiócesis de Cali

El desgarrador relato del segundo libro de los Macabeos, que nos muestra la valentía de estos jóvenes judíos, que, ante la intimidación del tirano, para que renieguen de su fe, se muestran firmes y seguros de morir por su santa religión antes que obedecer al verdugo, es sobrecogedor, pero al mismo tiempo admirable. Su valentía ante la afrenta, y la ofensa de un pueblo extranjero que no reconoce su expresión religiosa, son para destacar. Pero dicha valentía está sostenida en la esperanza de una vida eterna, pues morir no es un fracaso sino una transformación, un tránsito a un destino pleno junto a Dios en la eternidad.

La esperanza en una vida plena, nos mueve a estar cerca de Dios, pues sólo Él nos garantiza esa plenitud. Por eso todos nuestros actos deben estar encaminados hacia las buenas obras, pues a través de ellas se establece una sintonía de profunda solidez, que garantiza esa comunión férrea con el amor de Dios. En esta vida nos corresponde hacer un ejercicio de continua convivencia, pues el prójimo es reto humano en camino hacia lo divino, es sendero cauteloso de relaciones interpersonales por las que se va dibujando la vida eterna. Todo este proyecto de salvación tiene su sustento en una realidad que va más allá de los condicionamientos sociales, las limitaciones del tiempo y del espacio, del conjuro criminal de una sociedad del prejuicio y la condenación humanas. Dicha realidad está centrada en la esperanza de un proyecto que garantice la vida como don de Dios, como fenómeno que vence la muerte, como signo de la entrega total a Dios a través del prójimo, que resucita en la nueva vida.

La pregunta mezquina de los saduceos a Jesús, para poner en tela de juicio la resurrección, es respondida por Jesús a través de una expresión, “en este mundo”. Con ello quiere indicar que en esta vida todo se mueve por la apariencia del condicionamiento social, moral y político, que limita, divide y mata. Pero que hay un mundo futuro en el que los que sean considerados dignos, por sus buenas obras, serán como ángeles, es decir, serán como el Dios que ama, por encima de cualquier parentesco o dignidad humana. Somos hijos de Dios, por la resurrección de nuestro Señor Jesucristo, hijos del Dios de los vivos, que hemos decidido amar a pesar de todo, con valentía y esperanzados en una plenitud de vida, donde la dignidad y el decoro de nuestras obras están sustentadas en el amor del que está vivo, y nos da la vida. Persigamos esta dicha y que nos debamos a ella, para cumplir con ello lo que profesa nuestra fe. “Creo en la resurrección de los muertos y la vida de un mundo futuro”. Amén

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