Jesucristo, el rey de la verdad

Jesucristo, el rey de la verdad

Noviembre 25, 2018 - 06:10 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Por: monseñor Edgar de Jesús García Gil, obispo de Palmira

Las grandes empresas de cine y televisión del mundo ofrecen historias seriadas sobre reinos que han marcado con su poder, su ambición y sus pasiones, la política del ser humano con sus diferentes fortalezas y debilidades. Presentan con maestría las intrigas, las estrategias, las verdades y las mentiras que el ser humano emplea para conseguir lo que quiere o para destruir a sus enemigos. Es una realidad y una moda mediática envuelta en el celofán de la fantasía cinematográfica.

Hoy el evangelio nos presenta a Jesús como rey de los judíos en un diálogo muy curioso con Pilato, autoridad romana, que debe decidir sobre su vida. “Pilato llamó a Jesús y le preguntó: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Jesús respondió: si el título de Rey me viniera de este mundo tendría gente a mi servicio que pelearía para que yo no cayera en manos de las autoridades judías. Pero mi título de Rey no viene de aquí abajo.
Pilato insiste: ¿Entonces si eres Rey? Jesús respondió: eres tú quien lo dice. Yo he nacido y venido al mundo para esto: para dar testimonio a favor de la verdad. Todo el que está por la verdad, escucha mi voz”. (Juan 8, 33-37)

¿Cuál es la verdad de este rey que aparece en el horizonte judío con señales que no son comunes entre los poderosos del mundo? Jesús nos revela la verdad de un Dios, padre y misericordioso, que siempre perdona incluso a sus mismos verdugos. Jesús nos revela la verdad sobre la persona humana, varón y mujer, hechos a imagen y semejanza de Dios, creados para ser comunión de amor y vivir en relación con sus semejantes, sobre todo en la vida de pareja, de matrimonio y de familia.
Jesús nos revela la verdad sobre la creación, la casa común, el planeta tierra, donde tenemos la responsabilidad de cuidarlo para el presente y futuro de la humanidad.

Estas verdades están marcadas por un camino de humildad, despojo y sacrificio que sorprende al conocer de cerca la vida de Jesús. De la humildad en la cuna de Belén, hasta el despojo total en la cruz de Jerusalén, hay un mensaje que contrarresta el orgullo humano de querer ser dioses por encima de Dios.

Por esto a Jesús lo llamamos Cristo, el ungido con óleo de alegría, que desde su sacrificio le ofrece al Padre un reino eterno y universal, el reino de la verdad y la vida, de la santidad y la gracia, de la justicia, el amor y la paz.

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