Invitación a la conversión

Febrero 28, 2016 - 12:00 a. m. 2016-02-28 Por: Arquidiócesis de Cali

Nos invitan a cursos, debates, conversatorios, marchas, fiestas, etc. Jesús de Nazaret nos invita a la conversión. ¿Qué es eso? ¿Qué implica? ¿Qué gano con esa invitación? La tarjeta oficial se encuentra en un pasaje del Evangelio de san Lucas: Capítulo 13, versos 1 a 9. De unos acontecimientos dolorosos, sucedidos hace muchos siglos, y que hoy se repiten cotidianamente: asesinatos, robos, quiebras económicas, difamación, corrupción, etc., de ellos, Jesús de Nazaret no construye teorías, ni moralismos; sencillamente, en lenguaje profético, y dirigiéndose a todo el que quiera escuchar, dice que la perdición de cada persona depende de su decisión personal, es decir de lo que “quiera hacer con su propia vida”. Jesús de Nazaret invita a cada persona no a ser “espectadora de la vida de los otros” sino al contrario, “arquitecto o arquitecta de su propia existencia”. La conversión, en lenguaje bíblico, es una “toma de conciencia de mi separación de Dios”, es una invitación para “volver a Dios”, fuente de todo bien, origen de toda santidad, aliento de toda solidaridad. Rota la relación con Dios, se rompe también el respeto por el otro, por la creación, por la comunidad y se da paso al egoísmo desmedido, al afán de tener y poseer, a querer “ser como dioses, conocedores del bien y del mal”. Los acontecimientos duros de la vida no son señales de algo trágico y determinado previamente, el misterio del mal sigue en pie, nos ofuscan los accidentes y las enfermedades y las tragedias cotidianas, hay una relación incomprensible entre Dios y el sufrimiento humano, nuestra suerte no depende de nuestros pecados sino del perdón de Dios que quiere tenernos a su lado, darnos una vida eterna. La invitación de Jesús de Nazaret es a “ver nuestra vida” desde Dios, no desde un signo trágico. Jesús de Nazaret no nos envuelve en una religiosidad sentimentalista y consoladora, no, más bien nos “mueve el piso”, nos despierta de la mediocridad, nos ofrece otra mirada sobre la vida y su dureza cotidiana. También el Papa Francisco invita al cambio de vida en este año de la misericordia: “Mi invitación a la conversión se dirige con mayor insistencia a aquellas personas que se encuentran lejanas de la gracia de Dios debido a su conducta de vida. Pienso en modo particular a los hombres y mujeres que pertenecen a algún grupo criminal, cualquiera que éste sea. Por su bien, les pido cambiar de vida. Se lo pido en nombre del Hijo de Dios que si bien combate el pecado nunca rechaza a ningún pecador. No caigan en la terrible trampa de pensar que la vida depende del dinero y que ante él todo el resto se vuelve carente de valor y dignidad. Es sólo una ilusión. No llevamos el dinero con nosotros al más allá. El dinero no nos da la verdadera felicidad” (n. 19 del Rostro de la Misericordia).

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