Hasta regatear con Dios

Hasta regatear con Dios

Julio 28, 2019 - 06:10 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Monseñor Darío de Jesús Monsalve Mejía, arzobispo de Cali.

Orar es un fenómeno fundamental en toda cultura religiosa. Más que acto de espiritualidad, es ‘hablar con Dios’. En el caso cristiano, ese Alguien, personal y presente, es El Padre de Jesús. Dios sale de la distancia y transforma el contacto, el acto de monólogo espiritual, en respuesta al amor, en una relación filial.

El silencio del amor, primero e incondicional, precede a la oración y ésta se convierte en ‘participación’ de la relación entre Jesús y El Padre. Al Resucitar a Jesús, Dios lo puso como mediador en nuestra relación con Él. Es la esencia del orar cristiano: “nosotros, por nuestra debilidad, no sabemos cómo pedir para orar como es debido; sin embargo, el Espíritu mismo ora en nosotros, con gemidos intraducibles en palabras” (Romanos 8,26).

Por ello, orar es, en primer lugar, invocar el Nombre de Jesús y respirar con Jesús el Espíritu Santo, que es lo que Dios está esperando que le pidamos, lo que siempre quiere dar. “Ustedes, por malos que fueran, siempre saben dar cosas buenas a sus hijos. Con mucha más razón el Padre, que está en el Cielo, les dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan” (Lucas 11,13).

Orar es, entonces, hablarle al Padre como hijos suyos en Jesús. Toda oración cristiana es “oración en el Espíritu Santo” (Judas 20) y oración “por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo”, como concluyen las fórmulas oracionales litúrgicas. De ahí que, a la petición de los discípulos, “Señor, enséñanos a orar”, Jesús les responde haciéndolos partícipes de su propia oración, la del ‘Padre Nuestro’. Ella es el marco referencial y fuente de toda auténtica oración cristiana. Orar y Amar, como diría el Santo Cura de Ars, resumen la entera vida cristiana.

El Padre Dios y la Madre Tierra, están unidos en la oración y el nosotros de Jesús. El Nombre de Dios, su Reino y su Voluntad, se convierten en nuestro Pan, Perdón y Liberación, ampliando a seis peticiones, en Mateo, las cinco que hoy nos trae Lucas.

Como Abraham, la confianza del creyente es tal, que podemos hasta ‘regatear con Dios’ nuestras peticiones. Sobre todo, cuando éstas no son pliego del propio egoísmo y necesidades, sino vida y bienes para el prójimo. Oremos siempre como hijos, con el nombre confiado y tierno de Abbá=Padre.

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