“Ganar al hermano”

“Ganar al hermano”

Septiembre 07, 2014 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

¿Qué habrá en el evangelio que le sea ajeno a la condición humana? ¡Nada! Las enseñanzas divinas no hemos terminado de aprenderlas, porque muchas veces puede más el juicio condenatorio, el señalamiento odioso y anticristiano, que las expresiones de perdón y las muestras de misericordia; con razón el Papa Francisco ha vuelto a recordarnos que: “falta más evangelio en nuestras vidas, en nuestras relaciones de pareja, en las instancias de familia, en los espacios del trabajo”.Con profundidad afirmaba el gran Padre de la Iglesia Agustín de Hipona:“Donde no hay miseria no se necesita de misericordia. En la tierra abunda la miseria del hombre y sobreabunda la misericordia del Señor; la tierra está repleta de miseria humana y de misericordia divina" (Comentario al Salmo 32, 2).¿Cuántas veces pensamos que es mejor y más saludable, condenar, castigar, herir, hacer sentir el peso de la justicia¡, que entender, serenar el alma y los sentimientos y ofrecer comprensión y misericordia; y “qué es la misericordia sino cierta compasión de nuestro corazón por la miseria ajena, que nos fuerza a socorrerle si está en nuestra mano? Este movimiento está subordinado a la razón si se ofrece la misericordia de tal modo que se observe la justicia, ya sea socorriendo al necesitado, ya perdonando al arrepentido”. (Ciudad de Dios 1,8).La vida que se ha extraviado obrando el mal necesita que se valore, se socorra y sea restaurada en Dios para el bien; si algo caracteriza a Dios son las virtudes de la espera, de la comprensión, de la misericordia y de la alegría en la "refacción" del corazón maleado. ¿y cómo conseguirlo? Ante todo con la plegaria en comunidad y la comprensión de quien ha faltado; y con qué método? Con el que sólo Jesús, que es quien modela el corazón, nos ha enseñado: “por siempre, y hasta siempre, hasta setenta veces siete como terminará la mágica lección del perdón y la misericordia con el fin de ganar al hermano”.La comunidad orante, que es signo de la presencia de Jesús, es el espacio natural donde se aprenden sus enseñanzas y se imita su ejemplo. Al iniciar la semana por la paz, además de entrelazar las manos de todos los colores e ideologías, es necesario sanar el corazón con la oración y no olvidar que el perdón no tiene límites.

VER COMENTARIOS
Columnistas