Fiesta de la santísima Trinidad

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Fiesta de la santísima Trinidad

Junio 16, 2019 - 06:10 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Por monseñor José Roberto Ospina Leongómez, obispo de Buga

Después de haber vivido la Semana Santa, los 50 días de la Pascua y la fiesta de Pentecostés, la Iglesia nos invita a contemplar a la santísima Trinidad. Quisiera en este domingo proponerles lo siguiente: volver a repensar nuestro ser de cristianos cuando en el bautismo recibimos la consagración al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

El sacerdote que nos bautizó nos puso en relación con el Padre celestial para que nos sintiéramos sus hijos y pudiéramos confiar en Él incondicionalmente; ya Jesús había tenido la ilusión de que llamáramos a Dios, Padre. Nos puso en relación con Jesucristo como nuestro Señor y Salvador para que sintiéramos su amor y su presencia en los momentos de dificultad y debilidad, y pudiéramos acudir a Él en todos los momentos de la vida, en especial, para pedir perdón por nuestros pecados y ser así salvados. Y nos puso en relación con el Espíritu Santo para que fuéramos templos de él y pudiéramos, con su poder, cambiar el corazón de piedra y tener un corazón de carne, a fin de que cada uno de nosotros lograse amar, servir y darse a los demás como Jesucristo mismo nos amó y nos enseñó a entregarnos.

Es curioso que, muchas veces, cuando uno les pregunta a las personas qué saben de la santísima Trinidad hay respuestas como: es una advocación de la Virgen María o es una santa más.

Suponemos que la gente sabe quién es la santísima Trinidad, pero a la hora de la verdad, la relación es muy lejana y distante con ella; el que se siente hijo o el que siente salvado o el que se siente habitado por el Espíritu Santo tiene una relación con cada una de las personas; pero somos pocos los que le oramos a diario a cada una de las personas divinas, pues en general, la oración es: Dios mío! De manera genérica pero no particular.

Decirle a Dios: Padre, con toda la confianza, es un don del Espíritu Santo, y cuánto bien nos hace, como los niños cuando se acogen a su papá o mamá; decirle a Jesús: Señor, estando dispuesto a que Él mande y yo obedezca (perdonar siempre, hacerle bien al que nos hace mal, no servir a dos señores Dios y el dinero, etc.) es obra del Espíritu Santo también, y es lo que demuestra que tengo fe verdadera en El; poder llamar e invocar al Espíritu Santo para que me transforme interiormente, me fortalezca, me dé la sabiduría y el amor que necesito para perdonar, volver a comenzar, o la paciencia, la paz y la alegría que puedan llenar mi quehacer diario, es regalo del Padre y del Hijo.

Que la fiesta de la Santísima Trinidad traiga para todos nosotros una revitalización en nuestra relación fundamental con el Dios que habita dentro de nosotros y que espera que lo reconozcamos en los demás.

Que, al hacernos la señal de la cruz al comenzar el día, invocando al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, lo hagamos conscientemente envolviéndonos en ese misterio maravilloso de amor, del cual todos hemos bebido en el bautismo y que sigue operante en cada uno de nosotros los creyentes.

Gloria a la Trinidad Santa, en especial, en este día.

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