Fe en la oscuridad

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Fe en la oscuridad

Marzo 08, 2020 - 06:10 a. m. Por: Arquidiócesis de Cali

“La liturgia de hoy nos pide caminar por un sendero estrecho y áspero. Es el camino de la fe obediente que exigió a Abraham unas rupturas concretas y dirigirse a metas desconocidas… Es el camino del sufrimiento y de la muerte que Jesús recorre plenamente consciente, preparando a sus discípulos para que también lo afronten con fortaleza” (Lectio Divina para cada día del año. Ed. Verbo Divino, vol. 3., p. 112).

En efecto, los apóstoles estaban escandalizados cuando su Maestro, Jesús, les hacía el anuncio de su pasión y muerte, y no entendían aquello de su resurrección al tercer día. Por eso los lleva a lo alto del monte Tabor para que tuvieran la experiencia de descubrir la naturaleza divina del Hijo amado del Padre, en quien el mismo Dios se complace.

Pero no todo quedaba allí. Se aparecen también Moisés y Elías, que representan a la ley y los profetas, para indicar que Jesús no vino para cancelar la ley antigua y el anuncio hecho por los profetas, sino que vino a darles cumplimiento.

Ubicado este pasaje en la Cuaresma, el objetivo es muy concreto: ayudar a los discípulos a entender que, como el Maestro, la cruz no se puede evadir, y que, si se quiere participar con Cristo de la gloria de su resurrección, es necesario también participar con él en su pasión.

Todos los días decimos que la cruz que nos toca es pesada. No se puede negar que estamos pasando momentos difíciles, complejos, turbulentos, que ponen a prueba la fe. Las fuerzas del maligno asedian por todas partes y en todos los sectores de la sociedad. El temor de Dios desaparece en muchos, y con ello desaparece el respeto a la vida en todas las etapas de su desarrollo, desde la concepción en el vientre materno hasta su muerte natural. ¿Cómo interpretar entonces el deseo de algunos magistrados y ciudadanos de querer aprobar el aborto y la eutanasia? Crecen el desempleo, la pobreza, las migraciones forzadas, la ruptura de las familias, las adicciones y los vicios, y por lo tanto, como resultado de esto, se incrementan la violencia y la muerte.

Es el momento de entender que estamos caminando por un sendero estrecho y áspero, por lo que se requiere una fe sólida que nos permita a todos mirar e imitar a Jesús, al hijo amado del Padre, quien va adelante de todos dándonos ejemplo, pero a la vez, está con nosotros alentándonos con su fortaleza. Pidamos al Señor que no nos deje apagar la luz de la fe, en medio de la oscuridad en la que nos ha tocado vivir.

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