Evangelizar al enemigo

Evangelizar al enemigo

Enero 25, 2015 - 12:00 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

De mala gana, obligado y a despecho, el profeta Jonás tiene qué recorrerse a Nínive, la ciudad de sus opresores y amos, emblema por excelencia del enemigo de Dios y de su pueblo. Anunciarles a Dios como oportunidad histórica de ser otros, de sobrevivir al desastre, es la tarea encomendada, si bien él quería que fuesen destruidos, esperaba que lloviese fuego del cielo sobre ellos. Dios como Buena Nueva para el enemigo, y el reino de Dios, no como competencia o sustitución de los reinos y poderes humanos, sino como propuesta ética y oferta de vida definitiva y plena, que sobrepasa las metas humanas, constituyen el contenido de la Palabra en este domingo. Jonás predicando en Nínive, y los primeros discípulos de Jesús, dos parejas de hermanos pescadores, encarnan esta vocación, nada fácil, para compartirla a la humanidad.La historia de estos días nos sitúa ante la Nínive de quienes oprimen con sus violencias a la humanidad. La tenemos dentro de nuestro país y la tiene el mundo actual entre sus naciones. Y tenemos la tentación de dividir el mundo entre buenos y malos, entre amigos y enemigos, entre terroristas y demócratas, entre el eje del mal y el pentágono del bien, entre las Farc y el resto del país. Y emprender las guerras santas, las cruzadas hemisféricas, caer en la ‘islamofobia’ y en la ‘cristiano-fobia’. Y volver la guerra el gran pretexto demoníaco de los fabricantes y mercaderes de armas, provocándola con golpes como las torres gemelas (11S), el metro de Londres (7J), el de Madrid (11M), el de Amsterdan (2N), o París (7E). Y caer en esa trampa eterna de la humanidad: la guerra y las armas, el genocidio, el terror de armados contra inermes. Trampa que se disfraza de guerra religiosa y corrompe el sentido de Dios en el mundo, lejísimos de lo que puede hacer una simple caricatura. ¡Porque solo un corazón sin Dios puede invocar, para asesinar a unos inermes humanos, a un Dios desalmado, sin corazón!Colombia, con su dilema falso de paz o guerra interna, lo mismo que el mundo, con su dilema de rectificación o guerra contra el decaído capitalismo del petróleo en Medio Oriente, después de haber usado las riquezas de su subsuelo y sumirlos en la miseria y el caos, tenemos la oportunidad de ser, muy a pesar nuestro y un poco a la brava, como el Jonás que anuncia a un mundo desalmado un Dios con corazón. Necesitamos entender que en el enemigo hay capacidad y valores, hay lecciones para compartir, hay capacidad de reaccionar, como ocurrió con los Ninivitas, puestos después por Jesús como ejemplo de quienes acogen el Evangelio del Dios Misericordioso.

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