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“Este es mi Hijo amado; escuchadlo”

Enero 10, 2021 - 06:15 a. m. Por: Arquidiócesis de Cali

Por: Pbro. José Over Gallego Londoño, delegado para el Dpto. de Comunicaciones Arquidiócesis de Cali

Con esta fiesta cerramos oficialmente el tiempo de Navidad. Un tiempo precioso que hemos vivido juntos, junto a los preparativos del tiempo de adviento.

Unas fiestas cargadas de significado y de amor: fiesta de la luz, la Inmaculada, Natividad de Jesús y fiesta de Reyes.

Acerquémonos al evangelio de hoy: encaminémonos hacia el río Jordán. Es lo primero que hace Jesús: ir al río. Buscar el agua. Buscar la vida y la purificación. Eso es el agua. Puede ser un proyecto de vida espiritual para este año. Ponernos en camino. Casi ponernos en los zapatos de los tres reyes. Salir de nuestra comodidad e ir en búsqueda de las cosas de Dios. Busquemos a Jesús, vayamos a su encuentro. Para hacerlo tenemos que purificar nuestra vida, nuestros pensamientos, nuestras acciones. Lavarnos en el río de la oración, de la Eucaristía, de la vida sacramental, de la meditación continua y asidua de las sagradas Escrituras.

“Se abrió el cielo y descendió sobre Él, el Espíritu Santo en forma de paloma”. Cuando nos acercamos a Dios, el cielo se abre. Lo hemos experimentado tantas veces, que hasta nos sorprendemos de la respuesta del Señor a nuestra oración. Nunca nos deja con las manos vacías. Siempre responde a nuestra súplica, y a eso le llamamos milagro. ¿Por qué no contamos más? Porque nos falta confiar más en Él, orar más, adorar más, contemplar más.

“Se escuchó una voz que dijo, este es mi Hijo amado, mi predilecto”. Una vez más el evangelio nos muestra a Jesús como el Mesías no nos cabe duda; hasta el universo entero grita, el cielo, la nube, nos dice que es el Hijo de Dios. ¿Qué nos queda? Escuchar a Jesús, abrir nuestros oídos, darle un espacio en nuestra vida.

Qué buen proyecto de vida para este año: buscar a Jesús, pu- rificar todos nuestros pensamientos y acciones, y escuchar su voz.
Sabemos que juntos lo podemos hacer. Dios nos ha dado una nueva oportunidad en este casi un año de pandemia. Vivir una espiritualidad del encuentro, de purificación y de vida nueva. Hagámoslo juntos. Renovemos nuestro bautismo, como nuestra filiación divina, como un camino nuevo de santidad y de consagración al Señor.

Vivamos nuestra vida, nuestra historia de la mano de Dios y en su compañía vivamos este año que apenas comienza, con nuevas esperanzas, con nuevo ardor y con el mejor deseo de agradarle en cada una de nuestras acciones.

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