El valor de la memoria

El valor de la memoria

Marzo 10, 2019 - 06:10 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Por: monseñor Darío de Jesús Monsalve Mejía, arzobispo de Cali

La Cuaresma es libertad, perdón y reconciliación.

Todo inicia cuando la persona es reconectada con su propia conciencia, con su capacidad de conocer, elegir y decidir.

La memoria, la referencia al pasado, es aquí vital. Hay qué recordar, volver a pasar por el corazón, con nostalgia y gratitud, el don y Dador del que procedemos.

Hacer memoria de Dios, es lo que el Espíritu y la Palabra nos proporcionan. Y con la recuperación de la memoria de los orígenes, resurge el anhelo de la libertad.

Cultivar la memoria se vuelve fundamental. Sin memoria y verdad no hay libertad, no hay sentido del futuro, se pierde el ‘sentido de pertinencia’ y la capacidad de cambiar. Por eso, la lucha por el poder, no pocas veces se convierte en la imposición del olvido. En cambio, quienes sirven a la democracia con verdad, no quieren que se repita el horror, convierten la memoria del pasado en el primer factor educativo para las nacientes generaciones.

Cuando la memoria se reactiva, el clamor por la libertad da inicio al camino hacia ella. Clamar es ponerse de pie y alzar las manos, es arrodillarse y adorar, es invocar y aguardar respuesta. Es ya empezar a regresar.

Con el clamor llega la gracia de la libertad interior, de no negociar la propia dignidad, de acogerse al perdón, al ‘don y al Dador’ de nuestros inicios humanos.

Esta memoria de Dios es hoy una mirada hacia adelante. En la travesía del desierto nos guía la luz del Resucitado de entre los muertos. Es la luz y la fuerza de quien ha vencido. La memoria de Dios se volvió memoria de victoria: Jesús es el Vencedor. Ha vencido a la muerte. Ha vencido al odio y al Maligno o Diablo que divide por dentro a las personas y se interpone entre Dios y nuestra conciencia.

El Evangelio y la Palabra de este primer domingo de cuaresma, nos animen a unir en nuestra memoria de Dios el pasado de su Amor con nosotros y el futuro de nuestra victoria en Cristo Jesús. “Todo lo puedo en Aquel que me conforta”.

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