El Señor vino a salvar

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El Señor vino a salvar

Noviembre 03, 2019 - 06:10 a. m. Por: Arquidiócesis de Cali

En cierta ocasión Jesús iba hacia Jerusalén; de paso visitaba pueblos y aldeas dándoles el mensaje de salvación, invitándolos a una vida nueva. En Jericó había un hombre llamado Zaqueo, rico, muy conocido, con poder, que siempre creyó, equivocadamente, que en lo que había conseguido encontraría la felicidad. Había oído hablar de Jesús y por eso quería conocerlo, sin pensar que, en Él, en su palabra, encontraría la verdadera felicidad.

Comprendió que ésta no consistía en llenar su egoísmo de cosas, sino que eran el amor, la entrega, la solidaridad, la capacidad de perdonar, lo que hacía feliz al hombre y por eso su vida cambió.

Zaqueo no cambió el mundo; cambió él, y su comportamiento seguramente marcó a otros al pensar en los más necesitados y en aquellos a los cuales había robado con sus negocios. Cristo, a él y a nosotros nos presenta su mensaje; si los que nos llamamos sus seguidores lo aceptáramos en nuestra vida, nuestras comunidades serían muy distintas.

El mundo seguirá igual: el trigo y la cizaña, el bueno y el malo se encontrarán siempre en el mundo conviviendo; la cizaña: el dinero, el poder, la fama, el placer, seguirán alimentando el corazón del hombre dando como resultado los infaustos acontecimientos de violencia, de corrupción, de antivalores que marcan nuestra historia y que nos llevan a preguntarnos: ¿Para dónde va el mundo?

Los problemas de Venezuela, Nicaragua seguirán alimentando otros países; como también los nuestros en Colombia seguirán creciendo hasta cuando nosotros, sus discípulos, aceptando de corazón el mensaje del Señor en nuestra vida, sintamos la alegría de vivir en este mundo, llenos de tantas cosas bellas, increíbles que nos rodean, que contrastan con otras absurdas, propias de mentes desquiciadas. Viviremos felices, conscientes de que el amor de Dios, hecho hombre en Jesús, vino a buscarnos y a salvarnos y con nosotros quiere mejorarlo, haciéndolo más humano.

Sentiremos la alegría inmensa de Zaqueo cuando seamos capaces de romper el cascarón de nuestro egoísmo para pensar en los demás: amando, sirviendo, pensando en tanta gente que perdida en los muchos problemas de este mundo, económicos, morales, de soledad, va a sentir esa misma felicidad cuando comprendan que Dios no es un ser lejano, sino un Dios de amor que vive en nosotros y con nosotros, en nuestros pueblos y aldeas, recordándonos que su Hijo Jesús vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido.

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