“El celo por tu casa me devora…” (Jn 2,14)

Marzo 07, 2021 - 06:15 a. m. 2021-03-07 Por: Arquidiócesis de Cali

Por: Pbro. José Over Gallego Londoño, delegado arzobispal para las Comunicaciones Arquidiócesis de Cali

Nos adentramos en el tercer domingo de Cuaresma. Hemos vivido esas invitaciones de desierto y soledad a la montaña de la transfiguración. Un camino del creyente que nos lleva a la cercanía del Señor, a reproducir su imagen, a contagiarnos de su santidad y a ascender en nuestro camino espiritual.

Hoy nos pone delante dos momentos esenciales de la vida cristiana: la ley y el templo. Moisés sube a la montaña y lo primero que el Señor hace es recordar la historia: “Yo soy el Señor tu Dios, que te saqué de Egipto…” (Ex. 20,1). Se nos olvida tanto de dónde venimos. En la vida diaria, en la historia personal, encontramos mucha gente que olvida sus raíces, su sangre, su cultura, su familia. Hasta se avergüenzan de presentar sus ancestros, su pasado, su pobreza. Cuando lo que deberíamos sentir es orgullo de ver lo que podemos lograr y hasta dónde podemos llegar con sabiduría, esfuerzo, sacrificios. ¿Cuántas historias lindas conocemos de crecimiento humano y sin necesidad de pisotear al otro?

Pues Dios nos recuerda, que fue Él, quien nos eligió, nos sacó de la esclavitud, nos llevó por el desierto hacia una vida de libertad, de dignidad, de santidad. Nos dio las primeras leyes, que nos cuidaban, que nos protegían la vida, que nos mantenían seguros y en el camino. Unos mandamientos que no han pasado. Que adquieren cada día más relevancia en este mundo de muerte, de violencia, de corrupción. Si eleváramos cada día la mirada al cielo, si desempolváramos esos mandamientos, si la historia la escribiéramos de la mano del Señor, qué mundo tan diferente tendríamos. Pero, ¿Dónde está Dios hoy? ¿Dónde está su Palabra? ¿Dónde están las tablas de la Ley? En la trastera, en el olvido. Hasta les estorba a tantos, una creencia, una imagen, una fe; que les causa escozor, rabia, persecución y amenazas como está ocurriendo en estos días con el Obispo de Buenaventura, sus sacerdotes y muchos otros en otros rincones de Colombia.

Los invitamos a seguir viviendo de la mano del Señor. A Cumplir sus Mandamientos. Es el camino que nos lleva al cielo. Que “el celo”, el amor, el respeto por las cosas de Dios sean nuestra presentación. Que hagamos un barrido, como lo hace Jesús en el templo, de las superficialidades, de lo que no nos lleva a Dios. Que nos sacudamos de tantas ataduras, apegos, fanatismos, incluso de personas que nos arrebatan el verdadero sentido de nuestra existencia y nuestra relación con el Señor. Sacudirnos, de falsas ideologías, cultivar una vida sana, espiritualmente correcta que se vea reflejada en el respeto por el otro, en la valoración de la persona, su grandeza y dignidad. Dejar de mirarnos como enemigos. Y comenzar a vernos como hermanos, libres, con valores y derechos a ser diferentes. Todos tirando hacia la misma dirección, buscando un mundo mejor, una patria en paz, unas familias llenas de amor, una educación que defienda, cuide y valore la vida.

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