Domingo Laetare

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Domingo Laetare

Marzo 22, 2020 - 06:10 a. m. Por: Arquidiócesis de Cali

Este domingo se llama de la alegría, porque nos revela la alegría del padre en la parábola de los dos hijos, cuando al regresar el hijo menor que se fue de casa y dilapidó todos sus bienes, manda matar el ternero cebado y hacer una fiesta extraordinaria.

Si bien este evangelio se lee en el ciclo C del año litúrgico, conserva el título de domingo para alegrarse. Y, ¿cómo no alegrarnos leyendo hoy el evangelio es de San Juan en el capítulo 9, en donde se nos narra la curación del ciego de nacimiento? Son tantos los aspectos que encierra este relato que invito a los lectores a acercarse al propio texto bíblico y a disfrutar la lectura.

La curación del ciego de nacimiento es la oportunidad que tiene Jesús de hablar de la ceguera interior que impide a las personas ver otras dimensiones de la vida y de la historia. “Jesús les respondió a los fariseos: si fueran ciegos, no serían culpables. Pero como dicen que ven, su pecado no tiene remedio” (9,41).

Mucha gente es ciega porque nadie les ha mostrado la dimensión de lo espiritual, porque el contacto con el mundo es sólo material y no tienen horizonte de trascendencia; porque para muchos el refrán de “comamos y bebamos que mañana moriremos” es regla de vida. Porque hacen de la apariencia, del tener, del poder y del placer lo fundamental y dejan pasar oportunidades para dar, compartir, servir, colaborar, aliviar las necesidades de muchos hermanos que sufren por escasez de alimento, de vivienda, de trabajo, de ropa, de condiciones básicas de vida.

“Mientras estoy en el mundo, soy la luz del mundo”. Pero la luz sin los ojos no cumple su papel. Por eso es tan importante tener ojos que puedan ver. “Dicho esto, escupió en el suelo, hizo barro con la saliva y se lo untó al ciego en los ojos, diciendo: ve a lavarte a la piscina de Siloé, (que significa: enviado)”. La alusión al barro nos recuerda el relato de la creación cuando Dios hace barro y modela al hombre. Una criatura nueva es lo que hace Jesús, pero con la obediencia del hombre lavándose en el Enviado, es decir, sumergiéndose en el Espíritu Santo, que es quien purifica, quien hace ver, quien transforma el interior y crea seres renovados. El bautismo nos sumergió en las aguas del Espíritu y nos hizo hijos de Dios. Renovemos ese momento cada día invocando al Espíritu y dejándonos guiar interiormente por él.

En el pasaje que estamos comentando, nadie cree que ese hombre hubiera sido ciego. Cuando alguien empieza a ver, otros se resisten a admitir el cambio de la persona, su nuevo enfoque de vida, sus nuevas actitudes, su generosidad, su preocupación por los demás, etc. Pero es ese el testimonio que puede acercar a otros a Jesús, el salvador; es esa transformación la que convence más que las palabras.

Que en este domingo podamos decir con el ciego curado: Creo, Señor, y lo adoremos desde el corazón. Que sea un día para alegrarnos por la fe. Ya que tenemos el tiempo, pues estamos recluidos en casa, con la familia, con las personas que nos rodean, oremos por tantas necesidades del departamento, de nuestros municipios, de Colombia y del mundo entero.

Bajo el amparo maternal de María Santísima y de su esposo san José, que tengamos una reclusión amable, alegre y familiar.

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