Con Jesús, ser Iglesia en salida por un mundo mejor

Con Jesús, ser Iglesia en salida por un mundo mejor

Julio 22, 2018 - 06:10 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

El evangelio de este domingo ofrece la imagen de Jesús como pastor con intensa actividad apostólica; como pastor que se conmueve del sufrimiento de quienes lo buscan y se pone en la tarea de buscar atender a estas necesidades.

La figura de Cristo, pastor conmovido de las necesidades de la multitud, cumple lo profetizado por Jeremías: «Yo mismo reuniré el resto de mis ovejas de todos los países… y las volveré a traer a sus pastos» (Cf. Jeremías 23,3). Jesús es aquel que viene a recuperar la paz rota en la humanidad, y lo hace con el amor, con la curación de las heridas, con la caridad efectiva para aquellos que sufren. Se hace cercano a quienes padecen todo tipo de sufrimientos y les devuelve la capacidad de creer, de levantarse y de construir un mundo mejor.

Los apóstoles, y con ellos la Iglesia de todos los tiempos, es asociada al ministerio de Jesús Pastor: «Les pondré pastores que las pastoreen; ya no temerán ni se espantarán» (Jeremías 23,4). La Iglesia ha de ser continuadora de esta misión. Sigue habiendo tantas personas que hoy andan «como ovejas que no tienen pastor» (Marcos 6,34); son los rostros de los migrantes que deben dejar su tierra por motivos económicos, ambientales, políticos; son los rostros de las víctimas que siguen esperando sanar las heridas de sus muertos con el consuelo de la justicia y de la verdad; son los rostros de los que, aún a riesgo de su seguridad, alzan su voz por un mundo más justo y equitativo; y hay tantos más.

En estos escenarios de sufrimiento, de dolor, los cristianos no podemos quedarnos indiferentes, viviendo una fe acomodada. El Papa Francisco nos urge a ponernos en movimientos, en salida, a dejarnos interpelar por esos rostros y, fortalecidos por el Espíritu Santo, hacer presente a Jesús Pastor a través de una fe que se compromete y que emprende la tarea de llegar a ellos para acogerlos, consolarlos, prestarles la voz.

La paz se pierde cuando la dignidad humana no es respetada, arrojando a muchos a vivir en condiciones dolorosas. La paz empieza a construirse cuando, con Jesús, nos hacemos presentes “a los de cerca”, “a los de lejos”, derribando los muros del odio, de la marginación, de las injusticias y construyendo los puentes del amor, de la ternura, del respeto, de la tolerancia, haciendo posible así que seamos un solo pueblo, a pesar de las diferencias: el pueblo de los hijos amados de Dios.

No dejemos pasar de largo la oportunidad de hacernos con Jesús, instrumentos de su paz, dejando la indiferencia y asumiendo el compromiso de acercarnos a esos grupos humanos sufrientes para hacerles mejor la vida por medio de nuestra caridad evangélica.

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