Colombia no está polarizada

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Colombia no está polarizada

Septiembre 29, 2019 - 06:10 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

En los últimos años la situación política de nuestro país viene siendo catalogada como una verdadera polarización entre izquierdas y derechas. Es común ver en la mayoría de programas de opinión política, cómo terminan en enfrentamientos, insultos y a veces en malos tratos.

No es la primera vez que existen este tipo de enfrentamientos. En todos los lugares del planeta y a lo largo de muchos siglos, este tipo de conflictos aparecen especialmente en épocas electorales. Pero lo que llama la atención es que siempre detrás de todo esto hay un sentimiento profundo llamado la rabia. La rabia es una intensa reacción emocional temporal cuando uno se siente amenazado de alguna manera. Por lo tanto, la rabia es una reacción emocional que se despierta ante una amenaza. Son muchos los factores que lo llevan a uno a sentirse amenazado: que otro tenga lo que yo deseo, que directamente alguien o algo ponga en peligro mi vida, mi honra o mis bienes, además de las injusticias y los abusos. Esta rabia puede manifestarse de manera abierta o directamente, pero también puede expresarse en forma de resentimiento crónico.

El resentimiento es como aferrarse a una brasa encendida con la intención de tirársela a otro, quemándose uno la mano mientras tanto. De ahí bien la palabra ‘resentir’, o sea, volver a sentir una y otra vez. Cuando estamos resentidos, sentimos con intensidad el dolor del pasado una y otra vez. Por eso creo que en nuestro país estamos llenos de personas ‘resentidas’, que entre más carbones encendidos tira a sus contrincantes, más se quema el alma con el fuego del odio y de la rabia.

Colombia debe avanzar en una verdadera reconciliación entre todos, porque en el fondo, todos hemos hecho parte de este odio que no nos permite encontrar la paz y la felicidad. Los efectos del resentimiento son lamentables para nuestro bienestar emocional y también para nuestro bienestar físico.

La rabia y el rencor son emociones muy fuertes que desgastan nuestra energía de muchas maneras. Pero, además, no nos dejan avanzar con total claridad porque nos ciega y nos aleja de aquellos a quienes debemos buscar para estrechar la mano.

Los colombianos lo que menos deberíamos hacer es ubicarnos en uno de los extremos para ‘echarle más leña’ al fuego que se ha encendido y que ha acabado no con millones de hectáreas de bosques, sino con millones de vidas por culpa del odio, del rencor y de la rabia, y que nos ha llevado a ver un país bañado de sangre, de muertes, de secuestros y de extorsiones.

El problema del país no es la polarización sino una rabia reconcentrada y alimentada por los hechos dolorosos del pasado, los medios de comunicación, las redes sociales y por una falta de Dios que es el único que nos puede reconciliar.

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