Buscando al Rey verdadero

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Buscando al Rey verdadero

Enero 05, 2020 - 06:10 a. m. Por: Arquidiócesis de Cali

Por: Pbro. Germán Martínez Rodas, vicario episcopal para la Educación

Hoy, 5 de enero, se celebra en la Iglesia Católica ‘La epifanía del Señor’. Para la Iglesia de Oriente es la celebración de la Navidad, es decir, de la ‘manifestación’ (en griego epifaneia) de Cristo en la carne humana. En occidente hemos separado las dos fiestas y hemos puesto el acento de la celebración en su lado más pintoresco: caravanas de reyes, regalos, sentido primigenio de aquellos dones que ellos portaban: oro para la realeza de Cristo, incienso para su divinidad y mirra para su muerte.

Otros especularon sobre lo sucedido: Que si una ‘supernova’, que el cometa Halley, que la conjunción de Júpiter y Saturno. En la literatura la aparición de cometas y otros fenómenos luminosos son frecuentes con ocasión del nacimiento de personajes relevantes: Alejandro Magno, Asclepio, Mitra.
En cambio, el pasaje bíblico tomado del Evangelio de Mateo, relata más bien un camino arriesgado, el camino de la fe, una conversión a Cristo, el rey verdadero. La sabiduría, personificada en estos personajes, busca respuestas a los grandes y todavía interrogantes actuales: ¿Quién soy?, ¿para quién soy?, ¿qué valgo?, ¿qué busco?, ¿qué puedo esperar?

En aquellos años antiguos el mito (con su significado positivo), era la gran información. En la Edad Media, Dios le daba a la persona las respuestas de sentido, la información era la Revelación. En la Modernidad, la persona, guiada por la razón intentaba responderse a sí misma, la información válida era la teoría científica. Hoy, 2020, si es que puede hablarse de sentido, todo gira en torno a la estética, la gran información es la oferta comercial y el chisme de farándula.

Para los creyentes la fe sigue teniendo lugar y vigencia. Aquellos sabios de Oriente se postraron ante un niño indefenso, sin poder, sin fuerza, vieron en él al Ungido, al rey verdadero. En el Evangelio de san Mateo, el término postrarse designa la adoración, el reconocimiento de Dios. El evangelista utiliza ese verbo casi exclusivamente delante de Jesús por parte de quien pide ayuda: el leproso que le pide ser curado (8,2); la mujer que le suplica cure a su hija recién muerta (9,18); la mujer cananea que también pide que su hija sea liberada del demonio (15,25); la mamá de los Zebedeos que pide ‘poder’ para sus hijos (20,20) y finalmente se usa el verbo postrase como actitud correcta ante el Señor Resucitado (28,17).

La adoración es, sobre todo, reacción a la presencia de Dios, es el tema de toda la Biblia, en diversas variaciones; la bella oración de Tomás de Aquino lo plasmó en el conocido Adoro te devote, latens deitas = de rodillas te adoro, oh Dios escondido. Al celebrar hoy la epifanía del Señor, busquemos como aquellos sabios la sabiduría, entonces nos toparemos con Cristo, Sabiduría de Dios (1 Corintios 1,24).

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