Benignísimo Dios de infinita caridad

Benignísimo Dios de infinita caridad

Diciembre 16, 2018 - 06:10 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Por: Presbítero Germán Martínez R., vicario episcopal para la educación

Los creyentes comenzamos esta noche la Novena de Navidad. No sobra recordar hoy, 2018, lo que no es la Navidad: no es consumismo desbordado, ni turismo sexual, ni convencionalismos interesados (tu banco te desea feliz Navidad, tu operador celular desea para ti una feliz Navidad); tampoco es nostalgia de un pasado lejano (la natilla de mi mamá era de maíz, la verdadera natilla). Navidad es la celebración del nacimiento de Jesús, el judío hijo de María, la muchacha virgen de Nazaret.

Navidad es encarnación, es decir, Dios se hace visible en un niño débil, Dios, la realidad fundante de todas las cosas se hace patente en la realidad dolorida y limitada de cada persona. Navidad es humanización de Dios, es decir, manifestación de la Vida, así, con mayúscula, en lo concreto y real de cada persona, capaz de conciencia, libertad y autonomía. Navidad es redención del hombre y la mujer, es decir, irrupción del amor y la verdad de Dios, en el corazón egoísta y violento de cada uno de nosotros.

Navidad es entrada de Dios en la mente escéptica y agnóstica de muchos hombres y mujeres que andamos perdidos en los laberintos de los razonamientos y teorías de moda. Navidad es solidaridad divina con la humanidad, asunción incondicional de la debilidad, el error y la miseria del corazón humano que el Verbo hecho carne asume en sí, lleva sobre sí, dando amor y liberando de todo mal ya que él es el totalmente justo, plenamente libre y el más cercano a cada pobre hombre y a cada pobre mujer.

Navidad es el comienzo de la plenitud humana que en el pesebre está presente en un niño indefenso que aún no habla, en ese pesebre divino, Dios se ha hecho débil para poner en crisis nuestra vacía autosuficiencia. Y Navidad es esperanza, es decir, descubrimiento de que el hombre y la mujer tienen sus raíces más allá de sí mismos, y su futuro está más allá del tiempo y del espacio, está en Dios.

Teniendo claro qué es Navidad, entonces resonará de otra manera la Novena que hoy nos congrega en torno al pesebre sencillo, evangélico, humilde, modesto; y también cobrará sentido lo que desde pequeños aprendimos: “Benignísimo Dios de infinita caridad, que nos has amado tanto y que nos diste en tu Hijo, la mejor prenda de tu amor, para que hecho hombre en las entrañas de una virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio…”. Los creyentes no decimos, ni repetimos el convencional feliz Navidad, los creyentes decimos una santa Navidad te deseo, porque el que nace es el Dios entre nosotros.

VER COMENTARIOS
Columnistas