Amarás a Dios y al prójimo

Amarás a Dios y al prójimo

Noviembre 04, 2018 - 06:10 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Por: monseñor José Soleibe A., obispo (E) de Caldas (A)

Nos dice Jesús que el primer mandamiento es amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con toda la mente y con todas las fuerzas, y que el segundo es semejante: amar al prójimo como a sí mismo.

Nos cuenta una anécdota que en cierta ocasión tres amigos encontraron un hueco; los dos primeros se asomaron y en el fondo estaba la felicidad, quien al verlos les preguntó: ¿Qué quieren para ser felices? El uno le contestó: “Dinero, mucho dinero”, pero el otro le dijo: “Yo quiero una mujer muy bella que me haga feliz”. Ambos lograron su objetivo y siguieron su caminar en la vida; al primero, el dinero por desgracia le trajo una cantidad de problemas que lo hicieron una persona amargada, y el segundo, pocos años después tuvo problemas con su esposa y terminaron separándose, quedando solo una inmensa frustración.
También el tercero se acercó al hueco y al oír la voz que le preguntaba sobre lo que quería para ser feliz, él le contestó con otra pregunta: Y usted: ¿Qué quisiera de mí? Y la felicidad le contestó: ¡Qué me saques de este hueco! Él buscó la manera de sacarla y la felicidad agradecida, siguió con él en la vida, nunca lo abandonó, ni en los éxitos ni en los fracasos de la vida!

Dios nos creó para ser felices por lo cual desde lo más íntimo de nuestro ser vivimos en esa búsqueda. Es como si desde ese ‘hueco’ profundo de nuestro ser una voz nos la estuviera ofreciendo; y es que en verdad es tanto el deseo del Señor de vernos felices, que nos rodeó de un mundo maravilloso en donde todo es una invitación a esa realización personal.
El gran San Agustín nos pinta muy bien esta realidad cuando nos dice hablando de nuestro encuentro con Dios, origen de nuestra felicidad: “¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! He aquí que tú estabas dentro de mí y yo fuera, y te buscaba por fuera; y deforme como era, me lanzaba sobre estas cosas hermosas que tú creaste!”

Lástima que el ruido del mundo no deja escuchar esa voz que nos dice que es en el amor a Dios y al prójimo donde encontraremos nuestra felicidad, y no haciéndonos esclavos del egoísmo, de los bienes, comodidades y placeres que muchas veces terminan llevándonos a la depresión, a la droga, al suicidio; la violencia. El Señor en su infinita sabiduría nos señala el camino al pedirnos que no nos preocupemos por ser los ‘más importantes’, sino por ser los primeros en dar vida, en servir, en amar.

VER COMENTARIOS
Columnistas