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Amar es nuestra misión

Octubre 25, 2020 - 06:15 a. m. Por: Arquidiócesis de Cali

Por: monseñor Juan Carlos Cárdenas Toro, obispo electo de Pasto

En este mes de las misiones, el evangelio de este domingo plantea una respuesta de Jesús a aquellos que tantas veces pretendían atraparlo con preguntas capciosas.

A primera vista la pregunta no nos parece problemática: “¿Cuál es el mandamiento principal de la ley?”; sin embargo, debemos tener en cuenta que en el tiempo de Jesús los judíos debían atender a 613 normas que se habían ido construyendo a lo largo de la historia de este pueblo bajo lo que se conoce como la Ley Mosaica. Si ya resulta difícil para muchos recordar el Decálogo (los 10 mandamientos), ¡pensemos un poco lo que significaba más de 600!

Pero en medio de esto, Jesús recuerda que hay una norma que podemos considerar el corazón para todas nuestras actuaciones: amar. Jesús, revelador de su Padre, nos ha mostrado que este es Bueno, Misericordioso, lleno de Amor. Lo dice el Apóstol Juan en su primera carta, 4,8: “Dios es amor”.

Hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y, por lo tanto, nosotros también debemos estar definidos, impulsados y motivados por este amor que es Dios mismo.

Así, resulta comprensible la respuesta del Señor: cuando estamos agobiados por tantas disposiciones y normas, divinas y humanas, miremos a la esencia y esta es amar: hemos sido creados por amor y para el amor.

¿Cómo ama Dios? Creando todo en un estado de armonía; proveyéndonos con todo lo necesario para realizarnos como seres humanos; dotándonos de los talentos, carismas, facultades para el bien.
Porque si nos dejamos colmar del amor de Dios, esto nos tendría que llevar del mismo modo a amar: a nuestra familia, a nuestros amigos, pero también a la humanidad entera, especialmente a los más vulnerables; amar también a la naturaleza, en la cual vemos un mensaje maravilloso del amor que Dios nos tiene; y amarnos a nosotros mismos, no dejándonos arrastrar por nada ni nadie que nos destruya y lesione nuestra dignidad humana y de hijos e hijas de Dios.

Por esto, en el amarás (así, conjugado en futuro), reconozcamos nuestra vocación más fundamental: nuestra vocación al amor, aquella que descubrió santa Teresita del Niño Jesús y por la que entregó cada minuto de su corta vida y particularmente, ya que no podía salir del convento por causa de su enfermedad, todo lo ofreció por los misioneros.

Así, pues, podemos decir que esta vocación al amor que nos mueve a convertirnos en personas constructoras de bien, de misericordia, de convivencia pacífica, es nuestra misión común. Nuestra misión es amar.

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