Acoger para servir y aprender

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Acoger para servir y aprender

Julio 21, 2019 - 06:10 a.m. Por: Arquidiócesis de Cali

Por: monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, obispo auxiliar de Cali

Las lecturas de la liturgia dominical de este día, la del Génesis 18, 1-10a y el Evangelio de San Lucas, 10, 38-42, tienen como mensaje común el de la acogida. Es una connotación propia de los pueblos nómadas y de los peregrinos, que encontraban casi siempre en los pueblos que visitaban o por los cuales debían recorrer su camino, lugares de acogida en donde sus moradores les abrían las puertas, no solo de sus casas sino también de sus corazones. Más aún, los huéspedes trataban a sus visitantes con dignidad, con amor. Les daban lo mejor que poseían, incluso, hasta lo que tenían para vivir, como el caso de la viuda de Sarepta donde después de atender a Elías, “el cántaro de harina no quedó vacío y la aceitera de aceite no se agotó” (IRe. 17, 16).

El papa Francisco, en el mensaje para la Jornada Mundial del Migrante 2019, dice que “la respuesta al desafío planteado por las migraciones contemporáneas se puede resumir en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar. Pero estos verbos no se aplican solo a los migrantes y a los refugiados. Expresan la misión de la Iglesia en relación a todos los habitantes de las periferias existenciales, que deben ser acogidos, protegidos, promovidos e integrados. Si ponemos en práctica estos verbos contribuimos a edificar la ciudad de Dios y del hombre, promovemos el desarrollo humano integral de todas las personas y también ayudamos a la comunidad mundial a acercarse a los objetivos de desarrollo sostenible que ha establecido y que, de lo contrario, serán difíciles de alcanzar.

Por lo tanto, no solamente está en juego la causa de los migrantes, no se trata solo de ellos, sino de todos nosotros, del presente y del futuro de la familia humana. Los migrantes y especialmente aquellos más vulnerables, nos ayudan a leer los ‘signos de los tiempos’. A través de ellos, el Señor nos llama a una conversión, a liberarnos de los exclusivismos, de la indiferencia y de la cultura del descarte”.

Abraham, como María y Marta, acogieron al peregrino y aprendieron en la escucha de sus palabras, y fueron recompensados, Abraham con el hijo que le daría Sara y María y Marta con una fe robusta, que llevará a ésta última a afirmar: “Yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo” (Jn. 11, 27).

Por eso quien acoge con generosidad da, pero sobre todo, recibe del peregrino de su historia, de su vida, de su tradición, de su dolor. Por tanto, hoy más que nunca, es necesario tener presente la importancia de acoger para servir, y de acoger para aprender.

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