La farsa de emprender

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La farsa de emprender

Febrero 13, 2020 - 11:45 p. m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

Cecilia López escribe en El Tiempo sobre cómo por décadas en Latinoamérica nos hemos montado en una farsa que las mujeres se empoderan con el emprendimiento. Proliferan los cursos y diplomados y aquellos bancos que se especializaron en el microcrédito a intereses de usura han estado empeñados en que el mito de las microempresas remplaza el desempleo cuyas cifras son cada día menos ciertas. Por lo general no se incluye a aquellos que después de haber fracasado con el emprendimiento y quedar con deudas que a veces las llevan al suicidio se dedican al rebusque.

Según las cifras del Dane del año pasado el 48,2% de las mujeres colombianas están en el sector informal y de acuerdo al grupo de consultoría Iara, el 70% de pequeñas y medianas empresas (pymes) en Colombia fracasan en los primero años. Cifras bastante preocupantes, pues las fundaciones de las grandes empresas con algunas excepciones se vanaglorian de la cantidad de mujeres que han capacitado, gracias a Dios ya no en el manejo de máquinas planas, el engaño del siglo pasado, sin darse cuenta que coser es uno de los oficios más difíciles.

En algún momento hicimos una serie de programas para Telepacífico llamada ‘Haciendo Empresas’ en que entrevistamos a varios empresarios, inclusive muchos de ellos empezaron de cero, a veces con pocos años de escolaridad pero que tenían el espíritu empresarial y han logrado construir unos emporios económicos bastante interesantes. Al preguntarles cuál es la clave no hay una fórmula mágica, simplemente un talento como tocar el piano o pintar.

Colombia es uno de los países donde la inequidad es más grande. La educación que hoy en día es obligatoria hasta 11 gracias a los planes del gobierno, de Familias en Acción han ayudado a que los padres envíen a los niños a estudiar ayudando así a educar a la población. Infortunadamente, cuando terminan el bachillerato y les toca ir al Sena a hacer una tecnología ya han optado por quedarse en la clase media baja. Si son niñas y por mala suerte no se pusieron la pila quedando embarazadas ya su única opción es convertirse en empleadas domésticas.

Hay algunas fundaciones que lo tienen claro. La Fundación Mayagüez otorga becas para niñas del sector rural que quieren hacer una carrera universitaria y que no entran a la universidad pública logrando un aporte significativo al romper esa brecha perversa de la desigualdad social. Una abogada o una ingeniera donde nunca ha habido un profesional le cambian la vida a la familia.

Otra forma de resolver el problema del emprendimiento lo vi en Bolivia donde los indígenas habían construido un hotel y el gobierno lo convirtió en Sociedad Anónima bajo el manejo de expertos entregándoles cada mes los dividendos sin más enredos. Margaret Thatcher convirtió a los ingleses en accionistas de las empresas municipales. Y si los 5 hombres más ricos del mundo, repartieran unas poquitas acciones estaríamos avanzando hacia el mínimo vital.

Esta y otras fórmulas más innovadoras deben ir reemplazando la farsa del emprendimiento.

Sigue en Twitter @Atadol

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