España 2018

España 2018

Agosto 30, 2018 - 11:45 p.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

Paneles solares, molinos de viento, grafiti, basuras, emigrantes de todos los aspectos y vendedores ambulantes, personas tatuadas de todas las edades y acoso sexual en las redes sociales es el panorama de España en el verano del 2018.

Por otro lado, la esperanza de vida para las mujeres es de 85.5 años, la más alta del mundo, y una mujer con perspectiva de género en la Alcaldía de Madrid, Manuela Carmen Castillo, ha nombrado una mayoría de mujeres en su gabinete, un ejemplo a seguir.

Debatiéndose entre el calor y el movimiento separatista Catalán, España hace un esfuerzo por implantarse en el mundo desarrollado y codearse con Alemania, Escandinavia e Inglaterra, mostrando tasas de crecimiento de hasta el 3 % pero no suficientes para absorber la ola migratoria africana. Las costumbres españolas de levantarse tarde, dormir siesta y acostarse a la madrugada no parecen impactar negativamente la economía como tampoco la salud de los niños que acompañan a sus padres hasta altas horas de la noche.

El clima, el turismo, una política de pocas preguntas ha llevado a que inversionistas y personas adineradas de todo el mundo, árabes y rusos sobre todo, así como los jubilados de los países fríos del norte de Europa escojan a España como su sitio de refugio y que por lo tanto sean aportantes al crecimiento económico, ya sea utilizando los laxos servicios financieros, invirtiendo en yates, vehículos costosos o propiedad raíz o simplemente pasándolo rico en los muchos sitios ‘in’ de la Costa del Sol como puerto Vaduz.

Pero también están los refugiados africanos, sin idioma en común, con religiones y costumbres distintas. Entran por Ceuta y Melilla, un enclave español en el norte del África por donde llegan aquellos que no solo son víctimas de las guerras sino que buscan el pan diario en un mundo en que las brechas se han incrementado entre los que tienen y los que no.

Europa está en crisis por los refugiados. A diferencia de los éxodos anteriores, estas personas cargan sobre sus hombros una cultura de hambre y pobreza que es complicada de asimilar para una sociedad en el mundo moderno, y no se ha llegado a entregarles un espacio con casas y servicios donde puedan rehacer sus vidas como las ciudadelas ecológicas. Se les ve deambulando por las ciudades como mendigos o vendedores ambulantes, y en las playas, ofreciendo mercancías en idiomas inentendibles. La basura en la Costa del Sol, no necesariamente por culpa de ellos, es comparable con los peores momentos de Cartagena.

El Grafiti se ha convertido en un mal universal que afea medios de transporte y sitios públicos y que Londres ha podido controlar parcialmente designándoles un distrito específico, donde están las obras de los mejores grafiteros. Una idea para el Alcalde de Cali, crear un sector para ellos. ¿Qué tal los alrededores del Parque Lineal? ¿Y para los emigrantes venezolanos? Una ciudadela ecológica dirigida por mujeres.

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