Dolor de paz

Dolor de paz

Septiembre 02, 2016 - 12:00 a.m. Por: Angela Cuevas de Dolmetsch

Tengo dolor de patria. Dolor por mi Patria polarizada. Dolor en mi vientre, en mi vientre de mujer, ese vientre de las madres que no quieren parir más hijos para la guerra. Nos cansamos de recoger a los muertos, de buscar a nuestros hijos desaparecidos, de recibir a los mutilados por la minas quiebrapatas, de llorar por nuestras hijas con sus cuerpos convertidos en botín de guerra, nos cansamos de llegar arrastrando las pocas pertenencias a los tugurios de las ciudades. Nos cansamos de la guerra.Llegó el momento del perdón y la tolerancia. Si lo hizo Íngrid Betancourt que estuvo amarrada a un palo como un perro rabioso, si lo pudo hacer Fabiola Perdomo después del secuestro y muerte de su marido, para legarle a su hija un futuro de esperanza ¿por qué nosotros no tendremos el coraje de quemar ese bagaje nefasto de odios e intolerancia?, ese lenguaje abusivo de llamar a los excombatientes narcoterroristas, de hablar del futuro de Colombia como castrochavista, de referirnos a la paz como la entrega del país a los bandidos de las Farc. No me gusta el estilo de los opositores del Sí. Veo a mis compatriotas envenenados por el rencor y el sectarismo y me aterra que en este país no quepamos todos, los indios, los negros, los conservadores, los liberales, los verdes y los comunistas, los Lgtbi y los 50.000 reinsertados de los paramilitares y las Farc por el gobierno de Uribe, más 6.000 excombatientes de ese grupo guerrillero.Veo con Horror la saga de la historia real de la serie televisada ‘La niña’ y me estremece que como seres humanos seamos capaces de tanta maldad, que haya médicos asesinos y estudiantes universitarios contaminados por la intransigencia de sus padres adinerados, que al saber de la existencia de jóvenes reinsertados en la universidad, sin la menor consideración los quieran excluir de las aulas de educación superior, donde llegaron con los programas que tan sabiamente estableció el Gobierno de Uribe.No entiendo el rechazo de Uribe a un proceso que él lideró con su ministro Santos. Quizá se hizo la reinserción en silencio y no hubo suficiente pedagogía. Tal vez a Uribe le daba vergüenza perdonar a los asesinos de su padre abiertamente y los avances en el proceso de paz se escondieron, pues de otra forma cómo se explica que ese grupo guerrillero esté tan disminuido y que el país que recibió Santos estuviera listo para sentarse a negociar la paz, con una guerrilla que sabía que con las armas ya no se llega al poder, pero con capacidad de seguir haciendo daño. Creo que el corolario de la gestión de Uribe es necesariamente la paz, así sea imperfecta, con aristas, pero allí quería llegar. ¿No estará borrando con el codo lo que hizo con la mano?Sigue en Twitter @Atadol

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