¿Conflicto o desafío terrorista?

¿Conflicto o desafío terrorista?

Junio 20, 2011 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Valencia Tovar

La cuestión no es simplemente etimológica, porque entonces no requeriría discusión. La confrontación armada que desgarra la sociedad colombiana es en buen castellano un conflicto armado. De lo que se trata en la discusión que parece distanciar a dos presidentes identificados en múltiples aspectos de fondo en el esfuerzo por darle al país la paz ansiada, es el alcance, la interpretación que puede darse en ciencia política y en el ámbito internacional a esa confrontación.Lo más indicado es situar el hecho en la época cambiante en la que uno y otro de los dos mandatarios enfrentaron el reto contra la seguridad del Estado, que han debido manejar con idénticos objetivos, pero dentro de procedimientos diferentes. En otras palabras, cuáles son los dos matices de una misma política, como diría el profesor David Bushnell refiriéndose a Bolívar y Santander.Cuando Uribe Vélez asumió el poder, enfrentó una situación que colocaba a las Farc al borde de ser declaradas en estado de beligerancia, después de tres años de usufructo de su careta política, que las presentaba al mundo como un movimiento de protesta social armada contra un régimen que oprimía al pueblo colombiano en favor de una oligarquía insensible. La ‘diplomacia paralela’ que agentes suyos pregonaban con acierto en Europa y otras partes del mundo, había revestido a las Farc con un manto de idealismo romántico que desdibujaba su verdadera naturaleza y reunía los tres elementos de la condición de fuerza beligerante: dominio de un territorio -El Cagüán- donde una inmensa pancarta saludaba a los observadores extranjeros como Estado soberano; una organización política gobernante- el secretariado de ‘Manuel Marulanda’ a la cabeza; y el respeto al Derecho Internacional Humanitario – lo proveía la niebla de guerra- de esa diplomacia paralela. El estado de beligerancia, concede a los gobiernos que lo aceptan libertad para apoyar la fuerza rebelde con cuando sea necesario para sostenerla.El expresidente Uribe tenía que destruir esa imagen quijotesca hasta dar a las Farc el carácter real de terroristas con el narcotráfico como sustento de sus motivaciones en busca del poder. Basta recordar la recepción hostil que recibió el expresidente en su primera visita al Parlamento Europeo.Al presidente Santos lo recibió una situación bien distinta en donde las Farc habían sido calificadas mundialmente como fuerzas criminales que usaban el terror como estrategia y el narcotráfico como fuente de financiación. Era el momento para explotar ese calificativo. Colombia había pasado de Estado inviable a democracia política que requería apoyo universal contra el flagelo del crimen organizado.

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