Univalle y la movilidad

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Univalle y la movilidad

Junio 23, 2020 - 11:40 p. m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Uno de los problemas centrales de la sociedad colombiana es la desigualdad social y la participación reducida de sus miembros en las esferas social, económica, política y del conocimiento. Al conmemorar los 75 años de la Universidad del Valle se debe destacar el aporte de la Institución a la movilidad social ascendente y a la ampliación de la participación de sectores sociales que provienen de condiciones sociales precarias.

He compartido esta idea con el colega de columna Alberto Valencia, ambos con una trayectoria de treinta o más años en la Universidad. En mi opinión, el planteamiento no es nuevo. Era una tesis defendida por el profesor de Sociología de la Universidad Nacional Camilo Torres Restrepo quien argumentaba, en los años sesenta, que una de las razones de la violencia en Colombia era el carácter cerrado de la sociedad que impedía el ascenso en las posiciones de estratificación. Se necesitaba de apellidos, de vínculos con las altas esferas del poder económico, político y militar para poder llegar a ejercer la ciudadanía y a ser parte activa de la sociedad moderna. La insatisfacción y la injusticia conducen a la rebelión. Esta es una explicación parcial, pero es muy importante. Con el colega Valencia queremos destacar que la Universidad del Valle, en sus 75 años, ha sido un motor regional de movilidad social, un factor determinante que ha promovido la civilización, el conocimiento y la cultura. Ha contribuido, notablemente a lo que hemos logrado como sociedad regional, al llevar a un contingente muy significativo de ciudadanos a nuevas posiciones en las que ha cambiado positivamente su vida y la de sus allegados, en una modalidad de ‘revolución pacífica’. Esto ha hecho la Universidad del Valle y es muy importante que lo pueda seguir haciendo.

En el ejercicio profesoral, cada semestre impactan los recién matriculados. Muchos de ellos y ellas ostensiblemente vienen de sectores populares y pobres. No falta quien llega a la clase de 7:00 de la mañana sin haber podido desayunar. Pero se debe destacar la trayectoria de los estudiantes, diversa claro está, a su paso por las aulas.
Su inserción y encantamiento con la lectura y la escritura. El descubrimiento del pensamiento ilustrado, de otros mundos y de la investigación sobre el suyo propio y su entorno. Es cierto que hay deserciones, pero muchos, muchas, terminan con méritos académicos, logran insertarse en diversos trabajos y vivir mejor. Al reencontrarlos como profesionales, reconocen el aporte de la Universidad que cambió sus vidas.

Al éxito de la Universidad del Valle han contribuido sus estamentos y sectores públicos y privados que entienden la importancia de una universidad pública de calidad. En su corta historia, hay que mencionar el liderazgo de algunos de sus rectores, visionarios del papel que podía tener la Universidad. Muy merecido el nombre de su Biblioteca, Mario Carvajal. Se debe recordar también la rectoría de Álvaro Escobar Navia quien promovió la vida institucional básica de la universidad pública que hoy tenemos. Entre otras cosas, formalizó la carrera profesoral y contribuyó a consolidar un cuerpo de profesores-investigadores de calidad que, en coyunturas difíciles, sostuvieron la universidad. También se debe a sus empleados y trabajadores, la mayoría de ellos compenetrados con sus oficios, aunque algunos de sus líderes parece que no compartieran la importancia de la universidad pública abierta y funcionando, no tanto por sus demandas, sino por sus estrategias de lucha. El reto de la rectoría y directivas actuales es consolidar y profundizar esa universidad de calidad que ha contribuido tanto a la movilidad ascendente y a la civilidad de nuestra sociedad regional.

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