Temas patéticos

Febrero 06, 2018 - 11:40 p. m. 2018-02-06 Por: Álvaro Guzmán Barney

Tengo varios temas que parece importante poder compartir, pero el espacio es reducido y la periodicidad entre columnas hace que, en este país en el que acontecen tantas cosas patéticas, la agenda pública cambie muy rápidamente de prioridades. Me refiero entonces en esta oportunidad a tres asuntos distintos de manera fugaz.

Para comenzar, considero que la opción política presidencial que personalmente apoyo va hacia el fracaso, a menos que se logre una alianza entre Sergio Fajardo y Humberto de la Calle con sus respectivos seguidores (as). Posiblemente haya que esperar a las elecciones parlamentarias de marzo para estimar las fuerzas relativas de los candidatos. Es cierto que uno de ellos cuenta con mayor maquinaria electoral y el otro con mayor apoyo en las encuestas. Pero ambos tienen visiones complementarias, renovadoras y consistentes del futuro de la nación. Se requiere deponer los intereses personales o de grupo político particularista para apoyar una opción que combine la profundización del proceso de paz, valorando el papel de la educación, del conocimiento, de la institucionalidad y del buen manejo de los recursos públicos. Antanas Mockus explícitamente ha planteado la necesidad de esta alianza que puede lograr otros apoyos en diferentes sectores del espectro político, especialmente a la izquierda, sin hacerle concesiones a Petro que tiene hoy un apoyo muy grande en las encuestas, pero tiene muy poco que decir como administrador público y como crítico de la situación que se vive en Venezuela. Esperemos que la visión de nación y de Estado primen en el momento de proponer los candidatos para la primera vuelta presidencial.

El segundo tema es el de la violación de mujeres por parte de personas que tienen un notable poder político. Me identifico con todos aquellos que se han solidarizado con las víctimas que públicamente han reconocido la situación. Con aquellas que han denunciado y con las que han denunciado sin personalizar y con las miles de víctimas que permanecen calladas o han comentado su situación con sus círculos familiares y de amigos más cercanos. Que una mujer sea ultrajada por un personaje que tenga poder político es indignante para la ciudadanía. Más allá de que sea encausado jurídicamente, como debería ser, el victimario debe tener una condena social, en una sociedad que se respete. Me pregunto, al analizar las estadísticas y los casos en la historia nacional conocidos, si con las violaciones de mujeres y de niños no estamos ante un problema mayúsculo, desconocido públicamente, acerca de cómo se construyen las relaciones entre hombres y mujeres en Colombia, hoy mediadas a lo largo y ancho de la sociedad por la violencia y el ultraje. El poder masculino se impone en efecto en muchas circunstancias con barbarie e impunemente. Hay que proponerse cambiar esta situación, con una política pública precisa, con justicia, con educación y reivindicando una sana sexualidad.

El tercer tema se refiere, de manera más general, a la seguridad ciudadana que está copando las páginas de la prensa local y nacional. Hace mucho tiempo argumentamos que la criminalidad iba a aumentar con la desactivación (parcial) del conflicto armado. De manera específica los homicidios pueden disminuir, pero no así la delincuencia violenta que viene en aumento hace varios años. Mi comentario se relaciona con las opiniones sesgadas de quienes se manifiestan en la prensa escrita. No se puede argumentar, así no más, que en Cali vivimos una situación mejor que la de Bogotá o Medellín. Tampoco se puede decir que los cambios positivos vienen de un Alcalde o los negativos de la Presidencia. Definitivamente se requiere más cautela y análisis de la situación de violencia urbana.

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