Seguridad ciudadana compleja

Seguridad ciudadana compleja

Marzo 05, 2019 - 11:40 p.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

El tema de la seguridad ciudadana está entre los problemas pendientes y claramente en la agenda de los candidatos a cargos públicos locales. El titular de la foto de primera página del pasado domingo de El País: ‘Intolerancia, un mal que acecha a Cali’, es sintomático. Pero, éste énfasis es sólo parcialmente correcto, ya que la violencia urbana por intolerancia se combina, de manera muy significativa, con los ajustes de cuentas, especialmente provenientes del crimen organizado, las violencias sobre bienes, propiedades y territorios, la violencia familiar, entre otras. Todas estas formas, aunque deben distinguirse, están entrelazadas en el conjunto de la ciudad cuyo tejido social se puede calificar como ‘para-mafioso’. El problema es reconstituir, alternativamente y en el mediano plazo, un tejido social en el que domine una cultura de civilidad que debe irradiar al conjunto de la sociedad.

Dada la complejidad del problema, es prudente no detenerse en las cifras de ayer o del mes pasado para lamentarse un día y cantar victoria el día siguiente, sin solución de continuidad. Vale la pena, más bien, mirar con más distancia los hechos, diferenciar las formas, sus territorios, analizar la vinculación de distintos actores, especialmente los que no hacen presencia en los hechos y, muy importante, analizar las trayectorias en el tiempo.

La tasa de homicidios es el indicador más importante de lo que sucede, aunque no es el único. En 1994, la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes en Cali fue de 121, la más alta desde 1960, cuando hay cifras confiables. Desde 1994, la tasa disminuyó, pero tuvo un repunte en 2003 cuando llegó a 103, volvió a disminuir cuando llegó a 67 en 2008, para aumentar de nuevo y llegar en 2013 a 83. En los últimos cinco años, la tasa ha disminuido de manera importante pero irregular, hasta llegar el año pasado a 47.

Todo indica que este 2019 también puede disminuir, pero creo que no llegaremos por debajo de 40. En este caso estaríamos en los niveles de 1982. Falta aún bastante por llegar a los niveles de 1970. Estas cifras muestran la particularidad y gravedad de la situación de Cali, comparativamente con los datos nacionales y de las grandes ciudades, incluso de Medellín, en los últimos diez años. Cali tiene persistentemente casi el doble de la tasa nacional y más del doble de la Bogotá. Enfrentamos, en mi opinión, un problema endémico de ‘constitución del tejido social’ que debe abordarse con una contundente estrategia de cultura ciudadana que comprometa y obligue, en primer lugar, a los sectores que detentan el poder, que han sido complacientes con el statu quo y llegue a toda la pirámide social.

En las dos últimas alcaldías se ha avanzado en aspectos puntuales, pero se ha perdido mucho tiempo, en el diseño de políticas poco pertinentes. Incluso, en la actual Administración, se nos informa que apenas en este mes de marzo se va a presentar una política de seguridad ciudadana que busca proponerse como una ‘Política de Estado’. Se desconoce así la autoridad y autonomía de un alcalde con la política de seguridad para su ciudad. Lo que impera es la confusión conceptual, con el tema de la paz, la convivencia, la seguridad nacional, la seguridad ciudadana, el crimen, la violencia y siempre la pobreza. Es un lugar común, proponer el aumento del pie de fuerza (de la Policía), sin evaluar cómo ha funcionado en la ciudad la institución. Ante un problema tan complejo, a pesar de todas las cifras, no se tiene direccionalidad, ni prioridades. Menos aún un diagnóstico claro que muestre la necesidad de recuperar la ciudad para el conjunto de ciudadanos.

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