Navarro y el interés público

Navarro y el interés público

Septiembre 17, 2014 - 12:00 a.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Semestre a semestre en los últimos años aparecen noticias sobre el basurero de Navarro. Inicialmente fue por la exigencia de su sellamiento que casi no se puede llevar a cabo por no encontrar un sitio alternativo para las basuras. Aparecieron entonces los problemas asociados a la producción de lixiviados y a la contaminación del aire en la zona, entre otros. Entre 2004 y 20011, según información de prensa reciente (ver El Tiempo del 11 y 12 de septiembre), se hicieron 6 investigaciones encabezadas por el Director de la Escuela de Salud Pública de la Universidad del Valle, por malformaciones congénitas relacionadas con presencia de metales pesados como el plomo y el cadmio en el río Cauca, cerca del vertedero de Navarro, en un radio de 2 kms. También hay trabajos de investigación hechos desde el Instituto Cinara de la misma Universidad que previenen sobre Navarro como una zona de sedimentación del río y del Observatorio Sismológico Osso que señalan problemas con las construcciones en los suelos de Navarro ante eventos sísmicos. Estas opiniones y otras que no han tenido tanta divulgación, hechas desde otras universidades locales por urbanistas y ecólogos o por especialistas consultados en la elaboración del POT que actualmente se discute en el Consejo, tienen hoy una gran significación dada la iniciativa que se promueve desde la Alcaldía para desarrollar un proyecto, inicialmente conocido como Ecociudad Navarro (sic) y ahora como Cuidadela CaliDa, que busca construir 6.000 viviendas para estratos 1 y 2 en 67 Has., de un total de 1.397 Has. del poligonal H donde está Navarro. Los encargados del proyecto de parte de la Alcaldía se han manifestado para justificar la iniciativa que parecería se quiere llevar a cabo contra viento y marea. El Director del proyecto precisa en sus declaraciones que el basurero se selló en 2008, que se han hecho estudios (?) desde 2011 que indican que no hay inconveniente en desarrollar las obras y que se han contratado 14 “nuevos estudios” por valor de 2.500 millones de pesos que se conocerán a finales de año. De contener apreciaciones negativas, el proyecto se suspendería. Por informaciones de prensa, en otras ocasiones, sabemos que Corea le hizo una “donación” a la Alcaldía por 3 millones de dólares. Conocimos la entrevista a un “experto” mexicano quien contó que en su país había una experiencia positiva con una urbanización cercana a un relleno sanitario; sabemos de la contratación de una firma de consultores inglesa para adelantar la legitimación del proyecto con la población beneficiaria mediante una metodología de “investigación participativa”, parecida a la metodología propuesta por Orlando Fals Borda, pero en este caso sometiendo a la población al poder del proyecto urbanizador. En efecto, sabemos que hay intereses desde el Gobierno nacional para que el proyecto se lleve a cabo y sea “ejemplo en América Latina” y sabemos, finalmente, del apoyo que el proyecto tiene por parte de los urbanizadores y de su gremio.Hay entonces opiniones muy distintas sobre un mismo proyecto de desarrollo urbano. Pero, en este caso, quién defiende el interés publico, más concretamente el de los pobladores caleños de los más bajos estratos? Ciertamente los académicos están haciendo su tarea. Habrá que esperar la voz de los Concejales. Los pobladores no fueron consultados, como bien lo resalta el artículo de Lucía Mina en Razón Pública, donde argumenta que, para las autoridades estatales, la población negra e indígena de Cali no existe. A todas estas, el Alcalde es un académico, más aún un epidemiólogo. Hay que pedirle serenidad y reposo en su decisión, en favor de la ciudad y los ciudadanos.

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