Cónclave y desgracia nacional

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Cónclave y desgracia nacional

Julio 23, 2019 - 11:40 p.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Me refiero a dos temas distintos que quisiera compartir. El primero, se refiere a los candidatos a la Alcaldía de Cali y al cierre de las candidaturas para finales de julio. Me parece urgente que la ciudadanía cuente con un tercer candidato que muestre iniciativas y capacidad de cambio, centrado en ‘ideas fuerza’ sobre la ciudad, que sean manejables en cuatro años. Un candidato que garantice pulcritud en el manejo de lo público y se distancie de la política tradicional y amañada de los dos candidatos que puntean en las encuestas que son ‘más de lo mismo’ e inconvenientes en varios sentidos.

A Ospina acaban de abrirle cargos por contrataciones específicas, pero su alcaldía se vinculó con otros hechos cuestionables, relacionados con la distribución de cuotas burocráticas y el manejo de los recursos públicos. A Roberto Ortiz no se le conocen sus ‘ideas fuerza’ sobre la ciudad, pero busca apoyo clientelista por todos los lados, incluyendo al Centro Democrático.

Uribe de manera sagaz entiende que allí están los ‘voticos’ y el acceso al presupuesto público. Más de lo mismo en ambos casos: populismo clientelista a la izquierda o a la derecha. En este contexto, urge una tercería.

La propuesta, a estas alturas ya contra el tiempo, es que se realice un ‘cónclave’ antes del fin de semana entre los demás candidatos para que hagan un esfuerzo descomunal y salga humo blanco, con un candidato y unos puntos programáticos acordados y participación en un posible gobierno. Los ciudadanos de Cali estarían muy agradecidos con este gesto y seguramente esto se refleja en las votaciones. Cambio social, buen gobierno, espacio público, sostenibilidad ambiental y compromiso de una nueva generación de jóvenes, pueden darle un vuelco a la ciudad.

El segundo tema, lo pongo de presente ya que creo que no somos conscientes de su dimensión e impacto en la sociedad. En junio pasado salió el informe de la Oficina de Naciones Unidas sobre el Crimen y el Delito (Unodc), que se refiere, entre otros temas, a los homicidios y a la producción de cocaína en el mundo. Sobre los homicidios se afirma que un porcentaje menor, en el mundo, tiene su origen en el conflicto armado y que el porcentaje mayor tiene otros móviles, ya sea privados o colectivos, especialmente dependientes del crimen organizado. Esto también es así en Colombia, especialmente después de firmado el Acuerdo de Paz. El informe también indica que la producción mundial de cocaína marcó un récord en 2017, aumentando un 25% sobre el año 2016. Según el informe, este crecimiento es liderado por Colombia que produce cerca del 70% de la cocaína mundial, proveniente especialmente de la zona del Pacífico y de Nariño. Este dato es escalofriante y debemos entenderlo como una desgracia nacional, cuya solución no solamente compete al gobierno de turno o es una responsabilidad de gobiernos anteriores. Compromete también a la comunidad internacional.

¿Cuál es el valor total de este comercio ilegal cuando llega a los mercados de destino? La mayoría de este valor agregado se queda por fuera de Colombia, en las mafias intermediarias, en las redes de mercadeo, en la banca internacional. Pero, ciertamente, una parte significativa regresa a Colombia, para promover la continuidad y crecimiento de la producción ilícita y para lavarse en economías legales dentro del país. El impacto en nuestra sociedad debe ser muy grande y ‘negativo’ en el sentido de que promueve relaciones sociales y economías ‘para-criminales’. Es algo que estamos viviendo, en el país, en la región, en la ciudad.

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