Cambio significativo

Cambio significativo

Julio 24, 2018 - 11:40 p.m. Por: Álvaro Guzmán Barney

Es necesario destacar el cambio constitucional que recientemente ha propuesto el presidente francés Emmanuel Macron y que contó con la aprobación unánime de la Asamblea Nacional y aún requiere el visto bueno del Senado. Se trata de eliminar del texto la palabra raza y de cambiarla por el término sexo. De todos es conocido que la Constitución francesa garantiza la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos. Se trata entonces de cambiar la afirmación: “Sin distinción de origen, de raza o de religión”, y en su lugar afirmar: “sin distinción de sexo, de origen o de religión”. Este es un cambio sencillo y de enorme significado, no sólo para los franceses, sino para todos en el mundo.

El concepto fundamental y revolucionario históricamente es el de ciudadanía. Esto no se cambia en nada con la reforma que se propone que refrenda el aporte que ha hecho Francia a la democracia moderna, así como otros países occidentales hoy tan injustamente criticados por su legado a la cultura política universal. Lo significativo sí es haber eliminado el concepto de raza que puede ser importante para subrayar que no se comparten las visiones y prácticas racistas del mundo. Este concepto jugó indudablemente un papel en épocas pasadas, en relación con las ideologías fascistas que hablaban de una raza superior que debía comandar la civilización. Hay que tener en cuenta que tales pretensiones no han llegado a su fin. Pero resulta que desde las ciencias sociales y la antropología se han introducido cuestionamientos fundamentales sobre este concepto y sus supuestas bases biológicas y esencialistas para proponer, más bien, conceptos como el de etnia que se fundamenta en construcciones históricas y culturales que resultan de la interacción entre las poblaciones, su medio ambiente y la consolidación de una identidad específica.

El debate de fondo a este respecto, busca posiciones entre el respeto a la identidad étnica que es particular y la defensa de los intereses ciudadanos que son generales. El cambio constitucional propuesto sugiere que se prioriza la ciudadanía en relación con los posibles derechos étnicos. Sin embargo, se sigue respetando que los ciudadanos puedan diferenciarse, según su origen o bien según su religión y entre estas dos ideas está la identidad étnica. Parece que el mensaje de la propuesta es claro para la enorme migración musulmana, africana, asiática y también latinoamericana que ha cambiado la demografía y los intereses de distintos grupos étnicos particulares de los países europeos, entre ellos Francia.

Pero el cambio más significativo está en introducir la idea de que no se puede discriminar por sexo. Resulta que este concepto es fundamental en la estructuración de cualquier sociedad. Esto se reconoce sin dificultad conceptualmente, ante todo en las sociedades occidentales, pero otra cosa es lo que sucede en la práctica de la vida social. El aporte central es precisamente que se quiere romper esa brecha y enfrentar en la sociedad moderna el problema de la dominación masculina que perdura y se reproduce aunque ha habido cambios desde que la mujer se ha vinculado al mercado laboral. Lo cierto es que es un problema que sigue asumiendo múltiples facetas y la declaración constitucional lo que hace es reconocer esta realidad y la necesidad de enfrentar la discriminación por sexo.

Las constituciones más significativas no son discursos mamotréticos, alejados del mundo real. Sintetizan conceptualmente lo fundamental que se requiere ordenar. Moldean la realidad nacional que las circunscribe, tendiendo puentes factibles entre los conceptos rectores y las prácticas sociales deseables. No se puede correr el riego de redactar una constitución para un país de ángeles, cuando la realidad es de violencias extremas, lo recordaba precisamente Víctor Hugo, sobre nuestro caso.

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