Regímenes excluyentes II

Regímenes excluyentes II

Marzo 19, 2019 - 11:50 p.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

Estábamos pasados de exigir un tratamiento equitativo con el Valle y la región Pacífica, como lo hicieron público Christian Garcés y la Gobernadora.

No se compadece el tratamiento que el Gobierno Nacional le ha dado a Buenaventura. El puerto le produce, entre aranceles e IVA, cerca de 7 billones anuales. Cuando después de mucho rogar, se establece una ayuda muy inferior a esta suma, lo consideran un alarde de generosidad.
El centralismo asfixia el normal crecimiento de un país de regiones. La opinión de la provincia tiene poco peso al construirse el presupuesto. Las cifras demuestran la inequidad. Los más altos índices de pobreza se concentran en dichas regiones. Muy fácil imaginar dónde se concentran los mayores ingresos per cápita. No se pretende la igualdad, pero la magnitud de las diferencias es insostenible socialmente.

Repasemos algunas cifras. Me baso en las publicadas por el Dane del 2017. Mientras Bogotá tiene un ingreso per cápita de $27,5 millones al año, Nariño tiene tres veces y medio menos, y Chocó un poco más de tres veces y medio. Lo cual quiere decir que estadísticamente los habitantes de la capital tienen ingresos de tres veces y medio más altos que los del Chocó y Nariño. El índice de pobreza monetaria por ciudades muestra como el más alto a Quibdó, y los más bajos a Bogotá y Bucaramanga, esta ciudad es la capital de un departamento beneficiado por las rentas petroleras. Igualmente aparece Bogotá entre las menores tasas de desempleo, casi siempre.

Las mediciones de desempleo del Dane solamente tienen en cuenta a las ciudades capitales, si midieran también las de Timbiquí, Tumaco o Guapi, las cifras serían patéticas.

Existen muchas formas para distribuir más equitativamente los recursos y las atribuciones, sin requerir cambios profundos en la forma actual de gobierno, todo depende que se reconozca el problema y de la voluntad para afrontarlo y resolverlo.

En muchos lugares del país no existe institucionalidad. La justicia se desconoce, la educación es muy mediocre, los centros de salud o los hospitales son entelequias. No se ofrecen los medios necesarios a los ciudadanos para poder progresar en sus lugares de origen, por consiguiente, tienen que emigrar en busca de mejor futuro. Obviamente, en esas geografías el vacío de la autoridad lo suple el más fuerte, ya sea la subversión, los narcotraficantes o simplemente los gamonales.

No solo es un problema de recursos, también se trata de un problema de autonomía. Quienes ejercen los cargos se embelesan con el poder. Las autoridades regionales tienen que pedirles permiso aún para los asuntos más insignificantes. Muchas veces se justifican porque dicen que así evitan la corrupción, cuando ocurre todo lo contrario, los últimos escándalos de corrupción se han presentado en las autoridades nacionales, y lo que es peor, en la Justicia. Las corrientes centrípetas, también determinan que las cifras sean más cuantiosas en Bogotá, por consiguiente, más atractivas para cometer delitos. Si se delegara, evitaríamos los gastos de viaje y las intrigas, además de las tentaciones por la magnitud de los negocios. La concentración del poder es perversa.
Los problemas de las inequidades son como las fuerzas telúricas, tensiones permanentes invisibles que producen los terremotos, cuando ya no hay nada que hacer.

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