Lo bueno y lo malo de la tecnología

Lo bueno y lo malo de la tecnología

Abril 16, 2019 - 11:50 p.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

La revolución tecnológica hizo su aparición a en las últimas décadas del siglo pasado. A diferencia de la industrial, su incursión ha sido mucho más acelerada e irruptora. En un tiempo muy corto, gran parte de la población goza de los beneficios de un teléfono inteligente con un sinnúmero de aplicaciones, el internet hizo desaparecer el negocio de los correos nacionales y las estampillas. Los inventos de la nueva revolución son innumerables. Revolcaron nuestros hábitos.

Anteriormente la alfabetización era la gran barrera. Se usó hasta para limitar el derecho al voto en muchos países. A quien no supiera leer o escribir se le prohibía ejercer este primordial derecho ciudadano. Hoy, la ignorancia de elementos básicos de la tecnología se ha convertido en un obstáculo insalvable para desempeñar un gran número de labores.

Si se nos queda el teléfono celular en casa, equivale a dejar la billetera, el desconcierto nos invade. No podemos llamar a Uber, no podemos consultar la agenda para conocer nuestros compromisos, no podemos comunicarnos, en fin, se convirtió en un adminículo indispensable. La comodidad que nos brinda es inmensa. Podemos hacer llamadas al exterior gratis, impensable hace poco tiempo. Una bomba atómica para Telecom y las empresas proveedoras de teléfonos cableados.

Cuando llegamos a la oficina lo primero que hacemos es prender el computador para conocer los mensajes que nos han llegado y responderlos lo más pronto posible. Si vamos a preparar una presentación, indefectiblemente pensamos en PowerPoint. Si necesitamos realizar una transacción, accedemos a la cuenta bancaria con la clave personal.

Si queremos saber algo, le preguntamos a Google, él nos responde todo lo que se nos ocurra. Podemos aprender a distancia, si nos matriculamos por internet. Existen infinidad de cursos de toda índole que se ofrecen, accediendo a las páginas electrónicas correspondientes.

Cuando se nos antoja comprar algo, entramos a Amazon que nos ofrece una gama amplia de opciones. Con las tarjetas de débito o crédito realizamos la transacción. Si ignoras WhatsApp, estás out.

Definitivamente la tecnología nos ha ayuda en muchos aspectos de nuestro quehacer cotidiano, pero no todo es color de rosa.

Las redes sociales pueden divulgar informaciones falsas y lo hacen de una manera tan sutil que convencen. De esta forma pueden intervenir hasta en la política electoral, ocultando el origen de la información. La utilización frecuente de Facebook puede causar la pérdida de nuestra privacidad, debido la usurpación de datos personales, un patrimonio al que se le atribuye un inmenso valor. Las leyes de los países lo respetan y lo protegen.

Esta revolución tecnológica ha producido un grupo muy reducido de inmensas compañías. Las cinco más grandes, el año pasado, tuvieron utilidades de US$ 150 billones. Una suma que desborda nuestra imaginación. El efecto económico que han producido es una concentración insostenible de la riqueza. Otra de las perniciosas consecuencias ha sido las tendencias monopólicas.

Esta concentración y las tendencias monopólicas también ocurrieron en los inicios de la revolución industrial, lo cual demandó legislar pare impedir los monopolios y activar la competencia, factor indispensable para el florecimiento de la economía de mercado. Imperativo ineludible.

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