El cierre de Michelin

El cierre de Michelin

Julio 17, 2013 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

No es de extrañar el cierre de las fábricas de Michelin en Colombia. Se trataba de la Crónica De Una Muerte Anunciada, como el título del libro de Gabriel García Márquez. Desde hace no pocos años, se advierte que producir en Colombia es cada vez más costoso. La revaluación de nuestra moneda ha sido persistente, solo hace unas semanas se produjo un alivio, se devaluó el peso colombiano.Durante este lapso tanto salarios, arriendos, costos de transporte y energía han sufrido un espiral ascendente. Lo más significativo es que el impacto de los aumentos en los costos y en los gastos se siente con mayor rigor entre más valor agregado nacional contenga el producto. Quienes importan buena parte de los insumos y materias primas para producir, se han defendido por el menor costo de la moneda extranjera.No sorprende por lo tanto que quienes más se han quejado sean los cafeteros, los arroceros, los paperos, en fin todos aquellos cuyos costos e insumos se originan en nuestro país.Una muestra de los elevados costos vigentes en Colombia se puede constatar con los precios de los mejores hoteles en Cartagena. En tiempos de temporada decembrina, no se ruborizan en cobrar a $600 dólares la noche. Los viajes de Cali, Medellín o Barranquilla a Bogotá, se han vuelto indispensables y recurrentes gracias al centralismo. Entre Cali y la Capital hay más de 60 vuelos diarios. El precio de un pasaje ida y regreso, en los horarios de los ejecutivos equivale aproximadamente al 80 % de lo que cuesta un pasaje de Miami a Nueva York con casi seis veces más tiempo de vuelo.Nuestra eficiencia laboral por muchos motivos es poco productiva si se compara con la que tienen los países desarrollados, donde existe mejor educación y entrenamiento, además de contar con procesos logísticos más sofisticados.El tema de la seguridad, y la prevención de la contaminación de la mercancía con droga, añade costos extraordinarios, o mejor, ordinarios en Colombia, para poder operar libre de sorpresas, evitando eventualidades que pueden llegar a ser fatales. Las precauciones que se deben tomar suben los costos logísticos y la nómina. Se aduce, de manera equivocada, que la enfermedad holandesa que padecemos en razón del crecimiento de las exportaciones de petróleo, nos obliga a reorientar la estrategia de crecimiento económico, sustituyendo la industria por servicios. Esto suena bonito, sin embargo nuestra bonanza petrolera es pasajera, hasta ahora no hemos encontrado reservas suficientes para sustentar nuestras actuales exportaciones de hidrocarburos por más de cinco años, así que en poco tiempo la abundancia de dólares llegará a su fin. Además depender de un producto como fuente generadora de divisas entraña un alto riesgo. Tenemos mala memoria, ya nos olvidamos lo que padecimos dependiendo del café como la mayor fuente de moneda extranjera.Tampoco es imposible crecer y fortalecer nuestra economía en el largo plazo manteniendo una industria vigorosa, como se pretende hacer creer. Un buen ejemplo es Alemania, uno de los mayores exportadores del mundo de productos industriales y la economía más prospera de Europa.Se equivocan quienes creen que lo que nos ocurre es natural e irreversible. Con este criterio podemos terminar como Venezuela con una producción industrial raquítica y dependiendo del exterior hasta para el papel higiénico. Los servicios no sustituyen a la industria.

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