Causas ulteriores

Causas ulteriores

Septiembre 10, 2014 - 12:00 a.m. Por: Alfredo Carvajal Sinisterra

En las últimas semanas se ha despertado una polémica que produjo una proliferación de opiniones y manifestaciones cargadas de agresividad, a raíz de la falta de recursos para el funcionamiento de las entidades culturales que prestan sus servicios en la ciudad. Si bien es cierto que por lo general nuestros mandatarios, ahora y en el pasado, no le han dado la importancia que merece la actividad cultural, dudo que la autoridad política conociendo la sensibilidad y la pasión que provoca este tema se niegue a desembolsar los dineros, teniéndolos disponibles.Ocurre que el departamento del Valle se encuentra insolvente, en razón de que el manejo financiero ha sido descuidado y no se ha aclarado su viabilidad económica en el largo plazo. Hace pocos años un gobernador se atrevió a proponer hipotecar las vigencias futuras, sin tener en cuenta que las rentas del Departamento no alcanzaban para pagar las deudas y el funcionamiento de la vigencia que estaba transcurriendo.Los quebrantos financieros han sido evidentes, desde hace bastante tiempo. Lo que se paga por jubilaciones es una suma que no es sostenible. Por cada peso que se paga mensualmente a los empleados activos se tiene que desembolsar cuatro veces más para los jubilados. El gasto para pagar la nómina de los jubilados asciende a $9.100 millones, mientras la de los empleados activos es de $2.300 millones. Este solo dato es aterrador. Ni que pensar en futuro. En Colombia las pensiones se heredan por un tiempo igual o superior a la vigencia de la jubilación original. Algunos se casan nuevamente, poco antes de fallecer, para que el nuevo cónyuge y sus hijos continúen devengando la pensión. Para conjurar la crisis existen únicamente dos alternativas: aumentar los ingresos o disminuir los gastos. El ejercicio de este propósito, aunque no es fácil para un funcionario elegido por el voto popular, se debe profundizar. Lo que gasta innecesariamente el Estado, lo pagan los ciudadanos. Si bien las rentas provenientes de la Lotería y de la Licorera se han menguado, en el caso de la fábrica de licor podría mejorarse. El Estado no es un buen gestor de negocios, para ser benévolo con los términos. Son excepcionales las empresas estatales bien gerenciadas, con visión de largo plazo. Los gobernantes de turno, tratan de gastar e invertir lo más posible en su período para acrecentar su prestigio, sin que se repare lo que pueda suceder en el futuro. “Los que vengan atrás que arreen”. La operación del la Licorera es deficitaria, lo cual quiere decir que no contribuye a los ingresos departamentales, el único aporte por este concepto proviene de la estampilla. Para juzgar hasta dónde es la falencia de nuestra capacidad productiva de licores, hoy en día se importa el alcohol del Ecuador, donde se consigue más barato. No hemos sido capaces, de convertirla en un negocio rentable, a pesar de que la materia prima proviene del patio trasero. Un monopolio constitucional heredado de la colonia. El camino racional, después de tantos fracasos con la Licorera es permitir las concesiones, al igual que otros departamentos. Seguramente de esta manera obtendríamos mayores recursos para nuestra comarca.

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